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«Un ensayo sobre San Martín»

Rodolfo Walsh

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Por Revista Liberación
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Este ensayo de Rodolfo Walsh recién vio la luz pública en 1985, aunque hay quienes sostienen que se conocía una edición “casera” de 1978, un año después de haber sido asesinado, por la dictadura militar. Este trabajo sobre San Martín nos ofrece una mirada diferente del Libertador del sur, a la historia oficial de Mitre, la Academia Nacional de la Historia y la oligarquía argentina. Por los espacios reducidos de la revista Elegimos un capitulo, el V referido a la Independencia Económica.

INDEPENDENCIA ECONOMICA Y DEFENSA

1. Cuyo: Ejército e industria 167 En una carta de 1816 a Godoy Cruz, San Martín señala que “no podemos hacer una guerra de orden por más tiempo que el de dos años por falta de numerario y si sigue la contienda no nos resta otro arbitrio que recurrir a la guerra de montonera y en este caso sería hacérnosla a nosotros mismos”. Esta carta y otras de San Martín sobre la falta en América de población, de conocimientos, de agricultura, de comercio, de dinero, revelan su intuición económica y política. Cuando San Martín se refiere a una “guerra de orden” creemos no forzar la interpretación si entendemos una guerra organizada, con división de funciones entre las tres armas de la época, con infantes, caballeros y artilleros especializados, que actúan según un plan general en procura de objetivos preconcebidos. Y cuando dice “guerra de montonera” podemos leer una contienda inorgánica, sólo de a caballo, sin infantería ni artillería, sin más planes que los inmediatos y sin otro objetivo que la subsistencia, agotando los hombres y los recursos del país en que se produce, y por eso es “hacérnosla a nosotros mismos”. A cada tipo de guerra corresponde una forma de organización social y de estructura productiva. La de montonera se vincula con las economías cerradas, de subsistencia y escaso intercambio, con rudimentaria división del trabajo, en unidades familiares aisladas. La de orden con la organización que introdujo el capitalismo, reuniendo muchos artesanos en un gran taller donde cada uno realiza distintas tareas que son coordinadas por el empresario, y produciendo para la venta en el mercado. La economía argentina a comienzos del siglo pasado era del primer tipo y recién en las barracas de los acopiadores de cueros y en los saladeros de carne comenzaba a nacer el segundo. El tipo de Ejército que San Martín creó en Cuyo, único capaz de quebrar el poder español, como lo demostrarían las derrotas de la heroica caballería oriental frente a los más modernos ejércitos portugueses, requería una forma de organización del trabajo que excedía las posibilidades de la región, y del país. El Libertador supo apreciar la utilidad de la guerra de montoneras para desgastar al enemigo, pero sólo como auxiliar del único instrumento que podía derrotarlo, el ejército regular, la guerra de orden. Resolvió esta contradicción entre los requerimientos de la guerra y la estructura productiva impulsando formas de organización del trabajo que anticipan el capitalismo industrial y una especialización de funciones entre las provincias, que partiendo de las aptitudes preexistentes avanzó hacia la formación de un mercado nacional. Buenos Aires delegaba en la manufactura británica y el comercio inglés la creación del mercado nacional y la organización de la producción. Los liberales lo juzgan correcto y los marxistas inevitable y ambos piensan que las modestas artesanías coloniales no estaban en condiciones de generar la acumulación imprescindible para el desarrollo capitalista. San Martín sentó en Cuyo las bases de una economía independiente, aunque no cerrada y si la Argentina hubiera sido gobernada con el criterio que él usó para crear su Ejército de los Andes, otro hubiera sido el destino las nacional. Las experiencias contemporáneas de Estados Unidos, que tuvo éxito, y del Paraguay, que fue arrasada por la fuerza, avalan esta idea. De otro modo, San Martín no hubiera podido instalar en Mendoza una fábrica de pólvora, una fundición de artillería en la que 300 obreros trabajaban en 7 fraguas, un batán para tejer las telas de los vestuarios, una fábrica de tintas para dar color a los uniformes, e inclusive aplicar la fuerza motriz del agua al batán y el laboratorio de 168 explosivos. En todas estas empresas, los trabajadores fueron organizados dividiendo sus tareas y coordinándolas en un plan de producción. El mismo sentido tiene la reunión concertada en Mendoza de alimentos, animales, tejidos, monturas, capitales, técnicos y mano, de obra provenientes de San Luis, San Juan, La Rioja, Corrientes, Córdoba y Buenos Aires; la liberación de los esclavos para que sirvieran en el Ejército; las explotaciones ganaderas y agropecuarias a cargo de la Intendencia en tierras de particulares; la confección del vestuario distribuyendo su corte y costura entre sastres y mujeres voluntarias que trabajaban cada uno en su taller; o en su casa pero bajo un programa coordinado; la recolección en almacenes de ropa vieja que luego se usaba para forrar el calzado; la construcción de 20.000 herraduras para mulas y caballos; la nota de San Martín al gobierno de Buenos Aires en diciembre de 1816 pidiendo que se suprimieran los impuestos a los licores cuyanos y se gravaran los importados para proteger esa actividad.

2. Chile: una empresa de comerciantes americanos De su paso por Chile sólo mencionaremos el contrato firmado a instancias de San Martín con una empresa comercial formada por particulares, quienes se comprometieron a vestir, alimentar y llevar al Perú a los oficiales y soldados de la expedición libertadora, a cambio de pagos en dinero y especies y en franquicias comerciales. En una primera oferta que fue desechada figuraba un comerciante inglés; en la que se aceptó sólo americanos. Una empresa comercial privada asumiendo una tarea de tal riesgo y magnitud constituye una innovación absoluta para el grado de desarrollo de las sociedades americanas de entonces.

3. Perú: el Reglamento de Comercio y el primer Banco Las medidas económicas de San Martín en el Perú son el reverso de las que seguían los gobiernos de Buenos Aires. El Reglamento de Comercio que dictó procuraba fortalecer la industria local, y duplicó los derechos de importación sobre los artículos que pudieran competir con los del país; en Buenos Aires esos gravámenes fueron reducidos o suprimidos. San Martín eliminó aduanas interiores, Buenos Aires gravó todos los productos del interior. San Martín estableció que sólo los peruanos podían ejercer el comercio minorista, Buenos Aires y también Chile lo abrieron sin limitaciones a los ingleses. San Martín prohibió la exportación de metálico, Buenos Aires y Chile permitieron que entre 1810 y 1820 los barcos británicos extrajeran de ambos países 10 millones de dólares en metálico, sustrayendo todo el numerario y afectando así la expansión del comercio local. San Martín fijó rebajas aduaneras a los barcos de bandera peruana o americana y creó un Banco que emitió moneda, cosa que también hizo Buenos Aires. Pero el banco peruano estaba presidido por el ministro de Hacienda, sus accionistas fueron particulares nativos, y sus fondos se mantuvieron siempre separados de los del gobierno. El de Buenos Aires quedó en manos de comerciantes británicos y el gobierno usó la emisión de papel moneda para pagar sus gastos, lo cual creó la inflación. El banco peruano debió cerrar por la oposición del comercio inglés, y el Reglamento de Comercio fue modificado por la presión de los mismos intereses cuando San Martín se alejó del Perú. Todos estos hechos, en Cuyo, Chile y el Perú indican que San Martín percibía la estrecha relación entre Independencia Económica y Defensa Nacional cuando estos temas no habían sido estudiados aún por ninguna escuela científica ni militar.