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PERONISMO Y TERRITORIALIDAD

(Parte III)

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Por Enrique Bugatti

Mientras duró el festival del remate de los activos estatales y la vigencia de la subsidiariedad, implementada por el Menem-Cavallismo, el peronismo pasó a llamarse menemismo complaciente, tanto entre  los militantes como el habitante común, quienes asistían a la estabilidad de precios tan deseada  junto a la compra en cuotas de bienes durables (especialmente de la línea blanca); hasta para los dirigentes con el afianzamiento de las administraciones provinciales, vía el “mastiquín” (para el erario público como para la faltriquera de algunos de ellos) por la percepción de regalías mineras o petroleras. No casualmente, la elección de 1995 consagró al “voto cuota” ratificando la dolarización impuesta bajo la fantasía de “un dólar, un peso”. Quizás esa es la época en la que quedó más patentizada la dicotomía entre la ideología, doctrina y banderas del Peronismo y la acción gubernamental de sus referentes adornada con profusas referencias a Perón, Evita y a la “marchita”.

Cuando la “vaca lechera” de la enajenación de la riqueza acumulada por la sociedad a lo largo de tantos años y luchas dejó de alimentar la ficción, se fue develando la naturaleza abyecta del modelo social económico y cultural del menemismo y sus nefastas consecuencias, de las que la extranjerización de los resortes de la economía autóctona y su oligopolización fue una de las más profundas, tanto que aún hoy, sufrimos sus consecuencias. Norma Plá en solitario y luego Hugo Moyano desde la CGT (arrastrando incluso a los adocenados “gordos”) fueron los emergentes de la resistencia al modelo, mientras que la dirigencia y la militancia política justicialista no tuvo la entereza ni los caminos de plantarse ante ese saqueo liberal conservador. Las administraciones provinciales, su dirigencia y militancia, se mostraron incapaces de diseñar alguna alternativa diferente y la lucha o tensión interna al PJ no era más que pulseada intersectorial (aún las llevadas a cabo por los mejores y bien intencionados compañeros), que terminaban legitimando a las conducciones territoriales, tan poco peronistas y tan conservadoras populares las mejores de ellas. Tanto los “barones” del conurbano como los señores feudales de las provincias afianzaron sus roles de caudillos territoriales a despecho del bienestar de sus pueblos y cerrando o amañando la participación militante. El ejemplo prototípico de ello fue Eduardo Duhalde quien “alambró” a la Pcia. de Bs As y desde la que tejió su oposición a Menem, que no tuvo naturaleza muy distinta a la del riojano, aunque sí en las formas. Para mejor precisión, debemos recordar que   el caudillo lomense también privatizó importantes áreas del Estado pcial. así como en su breve interinato al frente del Ejecutivo nacional, subsidió a conglomerados empresarios –como el caso Clarín- con la pesificación asimétrica. Dicho de modo sencillo, la sociedad subsidió, con el diferencial cambiario-como tantas veces- al rústico y angurriento empresariado local.

En todo este tiempo, comenzó a verificarse un cambio de modo en la praxis política peronista, emergiendo nítidamente la profesionalidad de la misma, tanto en los cargos partidarios o electivos, como en la inserción barrial mediante los punteros devenidos en lúmpenes pagos. Súper estructura tecnócrata mercantilizada y en bastantes casos “mercenarios” de la territorialidad. De Doctrina y Paradigmas, ni hablemos.

Esa prostitución o desnaturalización de la militancia peronista, fue dando lugar a formas poco articuladas de reclamos y protestas generalmente englobadas en incipientes espacios sociales que nunca reivindicaron al ´peronismo. La CCC de Alderete, Castell por jubilados o el cacique Díaz de los Quom chaco-formoseños, resultan emergentes desprolijos y contradictorios de aquella ausencia del militante peronista en las calles de la Argentina.

Luego de la hecatombe política y económica del 2001 y de las muertes de Kosteky y Santillan que precipitaron el llamado a elecciones por parte de Duhalde para inicios de 2003, comenzó la etapa de recreación del peronismo y de su historia. Ahí a la par de la revitalización del homo peronista aparece un nuevo actor que marcará este tiempo para siempre.