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PANDEMIAS: COVID Y MACRISMO

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Por Germán Wiens
gwiens@revistaliberacion.com.ar
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Es posible que, con la salida de la emergencia sanitaria, nos espere una desesperante emergencia económica, no estábamos bien antes del virus, difícil es pensar que vamos a estar igual o mejor después de él. El mundo capitalista va a tratar de salvarse a sí mismo y para ellos nosotros somos la periferia dependiente.

Esas palabras las escribí al comienzo de la pandemia en marzo del 2020, y fueron parte del libro posteriormente publicado. Pasado más un año, hago una mirada retrospectiva y colocado en aquella fecha, pensaba que la pandemia ya habría pasado. No era el único, estaba acompañado por la gran mayoría del pensamiento político y hasta el científico. Estos haciendo pronósticos sobre cepas y vacunas, aislamientos, remedios, respiradores, paliativos, alcoholes, barbijos y cuanta solución sanitaria podía ocurrírseles. Hoy todos opinamos del tema, nos afectó mucho porque conocemos muchos de los enfermos, nos tocó en la familia y hasta se nos murió alguien querido. Los políticos hacían análisis disimiles, pero llegando (excepto los retorcidos que dejamos afuera) a la conclusión que solamente el Estado era la posibilidad que tenían los pueblos de subsistir con sus trabajos, empresas, pequeñas o grandes. Hasta las derechas neoliberales europeas, reacias al principio luego entraron en la lógica de ayudar desde el Estado.

Nada fue ajeno a la crisis pandémica. En cada país se sufrió de manera diferente, pero ninguno fue indiferente a sus efectos. El virus atacó un “cuerpo” social y político enfermo, con sistemas sanitarios ineficientes y hasta casi inexistentes, la capacidad de reacción en cada caso se media en cantidad de muertos. Paralizó la economía mundial actuando como indicador de la fragilidad del sistema y de la falta de previsión solidaria del mismo. Las movilizaciones que de forma permanente se venían produciendo contra la hiperglobalización y sus efectos, nunca soñaron que la pandemia lograría parar en parte los efectos de la globalización desenfrenada.

Decíamos también hace un año que los más pobres y necesitados son los que más sufrirían los efectos, porque viven en barrios marginales, sin servicios esenciales, con densidades demográficas muy altas. Lavarse las manos frecuentemente es dificultoso para el que no tiene agua. En muchos casos, como fue particularmente en la Argentina, los hospitales públicos estaban desmembrados y los pobres no tienen acceso a la medicina privada, en otros casos como en la provincia de Corrientes, la salud privada se hizo la desentendida. Se implementaron en todo el mundo medidas proteccionistas, en nuestro país se otorgaron millones en planes sociales, que fueron una gran ayuda especialmente para los grupos de pequeños ingresos, esos planes también ayudaron a la pequeña y mediana empresa. La informalidad que es gran empleadora fue la más sufrida porque debían elegir entre permanecer encerrados y sin ingresos o salir a trabajar y contraer el virus.

 La pandemia redujo la producción, aumentó la desocupación, agrandó la desigualdad e incrementó la pobreza. Una crisis de esta magnitud no es neutral, el que menos tiene siempre pierde más.

La recuperación luego de la pandemia, que no sabemos hasta cuando nos acompañará, si habrá rebrotes o nuevas cepas, no será inmediata y como si nada hubiera pasado. Algunas cosas vinieron para quedarse, los momentos vividos no podrán olvidarse fácilmente. Además de lo sanitario, la caída de los ingresos, el incremento de las deudas privadas y públicas, han aumentado más allá de los razonable. Las emisiones monetarias fueron descontroladamente necesarias. Muchos países están a la búsqueda de la soberanía perdida. Se mueven las fronteras entre el mercado voraz y el Estado proteccionista. Muchos actores de los mercados financieros y empresariales y sectores vinculados a las derechas ya están mutando el virus pandémico en virus político.  

Segunda Ola y Elecciones

En medio de la fuerte suba de los casos de coronavirus, la segunda ola de la pandemia ya igualó y superó los picos de contagio de la primera oleada y, como era de esperar en las proximidades de un periodo electoral, están los que tratan de sacar rédito del sufrimiento de la sociedad. El gobierno apuesta a medidas sectoriales y a la vacunación, sin interrumpir actividades, parece poco ante la peligrosidad del enemigo. Mientras la oposición JxC (Juntos por el Covid) puso en marcha su aceitada maquinaria de difamación, agigantada por los medios hegemónicos.  Nunca se hizo tanto daño a la salud y la educación, entre otras cosas, como en la época macrista. Podrían callarse y respetar la vida, dejar de hacer TERRORISMO SANITARIO.

La oposición tiene sus propios problemas, en una interna donde Macri tiene más del 70 por ciento de imagen negativa. Es el político de peor imagen y disputa la interna contra Horacio Rodríguez Larreta que increíblemente le cede terreno a la Comisaria Bullrich. Muchos radicales no se sienten cómodos en el espacio conservador de derecha y altamente corrupto, veremos que pesa más en el cuarto oscuro sus pruritos o su anti peronismo. Y crece también el escándalo de la famosa mesa judicial que en algún momento debiera llegar a la Magistratura, e incluso a la Corte que no puede seguir siendo cómplice de tamaña corrupción. Las comprobadas y constantes visitas de jueces y fiscales al entonces presidente Macri ponen en duda la imparcialidad de sus fallos, lo que tendría que hacer caer las causas de la persecución judicial.

 Segundas partes nunca fueron buenas.  Dijo Carlos Marx en su 18 brumario: “La historia se repite dos veces, la primera como tragedia la segunda como una sórdida farsa”. No repetir la historia en gran parte es responsabilidad del gobierno. Si se repitiera, la farsa puede ser más horrorosa que la propia tragedia.