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NO NOS HAN VENCIDO!

Los bombardeos sobre la Plaza de Mayo en junio del 55 son uno de los momentos más invisibilizados de nuestra historia. “Las palomas y las bombas” pretende ser un aporte para la reflexionar sobre las causas y el carácter simbólico de esos hechos trágicos.

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Por Maxi Gonzalez
mgonzalez@revistaliberacion.com.ar
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Lo primero, el homenaje y el recuerdo a Jorge Coscia y Arturo Bonin, compañeros militantes entrañables, siempre presentes.

Coscia quiere hablar con vos por un proyecto sobre el Bombardeo, así empezó la serie. Yo había terminado “Mis noches sin ti”, una serie de ficción en donde narraba la Argentina de 1947 con la promulgación del voto femenino y la ampliación de derechos llevados adelante en el gobierno Peronista. Esa charla y el libro que Jorge había editado sobre el bombardeo a la Plaza de Mayo fueron la base de todo.

Lo que mas me llamaba la atención al inciar el proyecto, era el desconocimiento general que había sobre el tema. “Si creo que hubo un bombardeo a la plaza”, “querían matar a Perón” o “se que murieron varios”, eran algunos de los comentarios de la mayoría a los que les contaba sobre el proyecto que llevaba adelante. Comentarios breves y sin profundizar ni en las causas ni en el carácter simbólico de esos hechos trágicos.

Ni siquiera desde los lenguajes artísticos el hecho había sido muy visitado. Las pinturas de Santoro, algún cuento de Piglia (los documentales “Piloto de caza” y “55”, son posteriores), la mención en “Sinfonía de un sentimiento” del maestro Favio, y no mucho más.

Mi impresión se mantuvo a lo largo del tiempo, el bombardeo a la Plaza de Mayo el 16 de Junio de 1955 era uno de los hechos más invisibilizados de nuestra historia. Era absolutamente imprescindible, como dice el personaje de Carnaghi en el capítulo 1, “de una vez por todas contar bien la historia”.

A lo que lleva en realidad este texto, como lo hacemos costumbre en esta revista, es a la reflexión, al debate y a la necesidad de profundizar desde la construcción del pensamiento crítico.

Pensar, como habitualmente se repite, que el bombardeo a la Plaza tenía como objetivo matar a Perón, es quedarse con una porción limitada de los propósitos de aquella jornada. Claro que podría haber sucedido y los cobardes asesinos lo hubieran festejado, pero si ese fuera el fin, ya habían tenido antes mil formas de hacerlo, con más probabilidades de éxito.

Lo que el bombardeo a la Plaza de Mayo persigue es el escarmiento (castigo, multa o pena que se impone a alguien) a toda esa gente que el 17 de Octubre de 1945 había osado subvertir la historia y tomar para sí, como nunca antes (y para siempre) las decisiones que que determinaran el curso de sus vidas y de la Patria.

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Cada mujer y hombre de los que llenaron esa misma Plaza y hasta se refrescaron con las “patas en la fuente”, llegaron allí para clamar por su líder, para dejar de ser invisibles, para apropiarse de los que le pertenecía y que a fuerzas de mentiras, desprecio y balas, siempre se les había negado.

Cada bomba arrojada desde esos aviones para ese “subsuelo de la patria sublevado”, era para gritarle que nada, ni esa plaza, ni la dignidad, ni los derechos, le pertenecían. Era para anticipar, que como hicieron meses después, venían para que “el hijo del barrendero, muera siendo barrendero”, regresaban esta vez con bombas, fusilamientos y proscripciones, a restablecer su orden de privilegios, a tomar posesión de un país que odian profundamente.

El poder construye el sentido, es Gramsci también el que aporta el concepto: “el poder real es quien impone la hegemonía, es quien construye el sentido común reproduciendo su patrón de dominación a través de la cultura y con herramientas como la educación o los medios de comunicación”. Esa es la madre de las batallas, ya que si no logramos dar y vencer la batalla por el sentido, la construcción y sostenimiento de victorias políticas (no electorales), será una tarea ciclópea.

Vivimos tiempos difíciles, trascendentales. Tiempos en donde aún debemos luchar para explicar la importancia de la soberanía cultural, la relevancia de contar nuestras historias, de reflejar nuestra identidad, porque un país sin cine, sin teatro, sin artes plásticas, sin poesía, sin literatura, ese sí, es un país verdaderamente pobre.

Las Palomas y las Bombas”, narra la historia del Bombardeo a la Plaza de Mayo, para hacerla llegar a todos, para dar la pelea y para repetir por enésima vez, como se oye en cada rincón en donde el canto nace del alma, a viva voz, que a pesar de las bombas y los fusilamientos, de los compañeros muertos y los desaparecidos… no nos han vencido.-