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NI UN PERMISO PARA SOÑAR

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Por FLOR FERNÁNDEZ
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Ni un permiso para soñar,

ni para seguir luchando,

con los ojos frente al sol,

en círculos, pero marchando,

están ellas, las compañeras,

denunciando con sus pasos,

la ausencia de sus miedos

y la falta de los abrazos.

Ni un permiso para soñar,

ni para seguir caminando,

convencidas que a la memoria,

no la asesina ningún balazo.

Ni un permiso para soñar,

ni para seguir levantando

la mirada al milico

que las vive amenazando,

que desafía la dignidad

que no se compra en cualquier lado,

se la lleva, compañeras,

en ese pañuelo blanco.

Ni un permiso para soñar,

prohibido quedarnos en casa,

sumisas nos han querido

y rebeldes nos tiene la causa,

encendidas de dolor,

¿tantas miserias no alcanzan?

seguiremos barriendo miedos,

para sembrar la esperanza,

para la posteridad, aquí las Madres de la Plaza.

Ni un permiso para soñar,

Ni para seguir buscando,

queremos saber dónde están,

y donde también han estado,

queremos saber la verdad,

y todo lo que suceda,

pedimos que nunca muera,

ni en la más grave ansiedad,

el reclamo de justicia

que ésta Nación espera.

Ni un permiso para soñar,

porque no se pide permiso,

porque así pidan perdón,

con eso no nos alcanza,

este pueblo dijo ¡basta!

y no se arrodilla ante nadie,

y que ahora nos escuchen

en la justicia y en la calle.

Ni un permiso para soñar,

ni para poder juntarnos,

reclamar por la verdad

y derechos que siguen faltando,

estas bocas que denuncian,

y estos pies que aún caminan,

ninguna lucha está perdida,

ni quedará en el olvido,

será más fuerte el amor,

y la memoria por lo vivido.

Ni un permiso para soñar,

ni para seguir escribiendo

a la historia que estas mujeres

la hicieron y siguen haciendo,

el más valioso legado

nos han dejado a hijas y nietas,

y aquí nos ven tan inquietas

también por las injusticias,

alzando sus mismas banderas,

eternamente insumisas.

Ni un permiso para soñar,

ni para cantar bien fuerte,

ni para leerlo a Areta

en “Quisiera que me recuerden”,

ni para emocionarme

por todxs mis compañerxs,

por todxs lxs que no están,

y por lxs que sobrevivieron.

Ni un permiso para soñar,

es algo que he aprendido,

también que quiero seguir,

este camino construido,

transformar mis alrededores,

derrumbar todos los prejuicios,

que nos digan qué pasó

con lxs desaparecidxs,

porque fueron treinta mil,

¿hasta eso nos han discutido?,

y ya con lágrimas en los ojos

este último párrafo escribo,

ni olvido, ni perdón,

genocidas con juicio y castigo,

y bien fuerte ¡NUNCA MÁS!

porque NO NOS HAN VENCIDO.