Volver a la tapa

Ni populistas reaccionarios, ni neoliberales progresistas

PERONISTAS

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Por Germán Wiens
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Ser parte del gobierno sin ser funcionario, es lo más difícil que debe soportar el militante que votó a este gobierno, que obviamente quiere que le vaya bien, que visualiza del otro lado el abismo de la patria. Estar del lado del que no tiene opciones, en medio de una pandemia, nos pone a veces en situación de no poder explicar muchas cosas que suceden en nuestro gobierno.

No vamos a mencionar todas, solo algunas para muestra: nunca se explicó acabadamente por qué se volvió atrás con el tema Vicentín, lo pidió Perotti? El mismo que ahora está con el reclamo de la sociedad rural?, el que se negó al plan de restricciones y política sanitaria del gobierno?. ¿Por qué no se avanza con el tema Judicial? en la cámara de diputados no prospera la “reforma judicial” ni la ley de Ministerio Público. ¿Por qué ante multitudinarios y fundados reclamos no se define lo de la “hidrovía”? ¿Para qué se lanzan políticas de aislamiento sanitario si luego cada quien hace su juego? ¿Por qué se lo opacó a Guzmán? ¿Qué pasa con la inflación? Y muchas otras cosas.

Seguramente no es fácil gobernar con un frente de al menos tres patas, igualmente hay que reconocer que no todas las patas son iguales. Las patas tienen ministros y ministras que deben mostrar resultados o cambiarlos, aunque eso no siempre alcanza. Se cambió la de Justicia y a todos nos pareció bien, se había perdido un año, ahora la mayoría ni sabe quién es el Ministro en el área más dañina y cuestionada. Si bien las patas son importantes no debemos olvidar la columna vertebral que mantiene el gobierno: el PERONISMO.

Tampoco se explicó muy bien todo lo bueno de nuestro gobierno, tal vez la comunicación debiera ser revisada. Se renegoció la deuda con los buitres en medio de la crisis pandémica, se está negociando con el FMI, se levantó la salud pública que era inexistente, se gestionó la compra de vacunas, se dio ayuda económica a millones de argentinos, trabajadores formales e informales, a empresarios. En Corrientes, por ejemplo, muchos creen que la vacuna es obra del gobierno provincial, que el hospital de campaña se construyó con fondos propios, que el sobresueldo del personal sanitario se lo da la provincia.

No podemos negociar con los negacionistas del estado, con los racistas sociales, con los defensores de la teoría Chocobar, o Iruzun, o con quienes dicen que los derechos humanos son un curro, con los que cuestionan el número de desparecidos, con aquellos que quieren colocar a los pobres como los beneficiados del sistema, porque reciben un plan social. “Planeros” les llaman a estos “privilegiados”.

Los “libertarios” están dando una batalla en la que utilizan todos los medios, los económicos, los políticos y los difusores. Son afines a personajes como Bolsonaro, ahí nomás tras la frontera. Fueron gobierno con Macri, juntando a la derecha de siempre, a los nuevos derechistas y a la conversa Unión Cívica Radical, vergüenza de Alfonsín e Hipólito Irigoyen. Ya dejaron de ser políticos marginales y a pesar del daño que hicieron a la nación no están derrotados, existen con presencia gubernamental en CABA, Córdoba, Mendoza, Jujuy, Corrientes y con incidencia en algunas otras gobernaciones como Santa Fe. Manejan la Corte Suprema, el Ministerio Público Fiscal, (si están de acuerdo el que acusa y el que juzga, que te defienda Dios), son funcionarios públicos en muchos organismos (AFIP, Aduana, Yacyreta, etc), manejan los diarios, los canales de tv y las radios más importantes. ¿Quién puede asegurar que son marginales sin futuro político? La historia no sirve como garantía.

No debe importarnos cómo nos califiquen. Nos dicen chorros, soberbios, monárquicos, serviles, ignorantes. Y nosotros nos quedamos callados por temor a sonar autoritarios. De nada sirve. Jugamos con cevitas contra misiles manejados por poderosos multimillonarios con una influencia notable a través de los medios en una sociedad que cada vez políticamente se anafabetiza más.

No es la intención hacer un análisis ni un estudio sobre la derecha macrista, cambiemista radical. Incluso los denomino “derecha”, solo para facilitar la comprensión, en realidad donde están es arriba. No, por el contrario, solo señalar que ahí están, que son peligrosos que quieren volver a terminar con la tarea inconclusa. Pero fundamentalmente lo que se quiere señalar es que los responsables de que eso pueda suceder somos los que pensamos distinto, en primer lugar, la mayoría peronista sus aliados y luego las izquierdas que se dicen progresistas. No debemos subestimarlos. Son torpes pero peligrosos, constantes y tienen demasiado poder.

No somos producto de la propaganda política, estamos orgullosos de ser hijos del 17 de octubre. Somos los descendientes de quienes con Perón y Evita realizaron la revolución Peronista. Somos los perseguidos por las dictaduras. Nos fusilaron en el 55, nos desaparecieron dos décadas después y volvimos para terminar con lo inconcluso y no podemos permitir que nuestro grandioso movimiento sea un partidito neoliberal burgués más.

Sepa el gobierno que criticamos desde la militancia, que no pretendemos socavar nuestro gobierno, que lo defenderemos como lo hicimos siempre, que tenemos claro al enemigo, pero nuestra voluntad se verá fortalecida si tenemos elementos, si nos sentimos parte del proyecto.

La idea de democracia que sostenemos está cimentada en el pensamiento del otro como individuo integrado en una comunidad organizada. No es la libertad de mercado la que guía al sistema democrático Justicialista, nos sostenemos en una verdad inalienable “defender un solo interés, el del pueblo”. Asegurar la igualdad, no sólo de derechos, sino de oportunidades o posibilidades.

Las sucesivas dictaduras y sus graves consecuencias, tal vez nos llevaron a pensar que la democracia era evitar el retorno de ese tipo de gobierno militar, cuando lo que debemos en realidad es luchar contra el regreso de las políticas implementadas por los dictadores que hoy tratan de implantar a través de la herramienta electoral. Los medios son más sutiles, pero igualmente de peligrosos. Cuesta pensar que en 4 años se quedaron con todo, voltearon la ley de medios, sedujeron a la Corte porque 3 de sus miembros ya vienen de antes. Tienen poder territorial importante, siguen manejando varios de los entes nacionales y toman decisiones estratégicas. Imponen políticas. Esta realidad nos hace pensar que no todo es porque son demasiado buenos, sino también porque o nosotros somos ingenuos, tenemos infiltraciones internas o no estamos dispuestos a jugar decisivamente.

Pronto habrá contienda electoral de medio término, atravesando una pandemia que nos azota y si bien creemos que el gobierno la ha manejado bien, con las limitaciones propias de la realidad internacional, las consecuencias del virus, contagios, muertes, falta de trabajo, inflación etc. son siempre responsabilidad del gobierno, aunque en muchas cosas no sea el que mande.

A veces parecemos abroquelados en una especie de desconcierto en gestos de corrección política, olvidando la rebeldía del origen corremos el riesgo de convertirnos en parte del statu quo.

Pretender cerrar la “grieta”, sin olvidar que la gran grieta, la que generó millones de pobres, necesita algo más que palabras. Siempre repito que, en el intento de domar al Gorila, nunca hay que abrazarlo.