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Ni las patas en la fuente, ni las manos en el teclado

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Por Pablo Andrés Vassel
pvassel@revistaliberacion.com.ar

Art. 1 del Decreto Ley 4.161/56 – «Queda prohibida en todo el territorio de la Nación:La utilización, con fines de afirmación ideológica peronista, efectuada públicamente, o propaganda peronista, por cualquier persona, ya se trate de individuos aislados o grupos de individuos, asociaciones, sindicatos, partidos políticos, sociedades, personas jurídicas públicas o privadas de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas, artículos y obras artísticas, que pretendan tal carácter o pudieran ser tenidas por alguien como tales pertenecientes o empleados por los individuos representativos u organismos del peronismo. Se considerará especialmente violatoria de esta disposición la utilización de la fotografía, retrato o escultura de los funcionarios peronistas o sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto el de sus parientes, las expresiones «peronismo», «peronista», » justicialismo», «justicialista», «tercera posición», la abreviatura PP, las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las composiciones musicales «Marcha de los Muchachos Peronista» y «Evita Capitana» o fragmentos de las mismas, y los discursos del presidente depuesto o su esposa o fragmentos de los mismos.»

Inicio esta nota con una expresión del Odio Gorila. Un Decreto que impedía celebrar al Peronismo. Cantar la Marcha Peronista o cualquier otra cosa que identificara a un grupo mayoritariamente de los argentinos con el Movimiento Nacional y Popular por aquellos días, y por el lapso de 18 años proscripto. Nada menos que con el Peronismo, un Movimiento que llevó el Amor a una categoría Política y de Lucha.

No fue la máxima expresión de violencia política que los «odiadores seriales» imaginaron para sancionar, para ejemplificar o para domesticar al Peronismo: lo atestiguan el bombardeo a la Plaza de Mayo del 16 de Junio de 1.955 que generómás de 360 muertos y 1200 heridos graves, los fusilamientos en basurales en Regimientos o en la Penitenciaría Nacional en 1.956, la cárcel para los militantes que exigían la vuelta de su líder Juan Domingo Perón y el regreso al país de la democracia, sistema de gobierno delcual el peronismo nunca se apartó. Ninguna dictadura fue acompañada por el Movimiento peronista. Más tarde vinieron las 30.000 desapariciones, las torturas, nuevamente la cárcel y los asesinatos. Nada de eso fue suficiente. El peronismo siempre volvió.

Las últimas expresiones del odio fueron vehiculizadas por los grandes medios de comunicación concentrados de nuestro país, que tienen la posibilidad de establecer un discurso, que de tanto circular genera «el sentido común» y la colonización de la subjetividad. Casi como un aprendizaje del principio establecido por el Ministro de Propaganda del III Reich «Una mentira, repetida un millón de veces, se convierte en una verdad». Así, por largos meses tuvimos que escuchar el «Se robaron todo», o el más increíble «Se robaron un P.B.I.». Cada una de estas tantas afirmaciones de odio y mentira viene al mismo tiempo cargado de provocaciones e insultos, que estos medios, lejos de establecer un Manual de Estilo que aleje la agresión, la promueven y la veneran, al llevarla en supuestos sesudos análisis a «La gente dice….»

Contra todo ese odio el Peronismo volvió. Una vez más haciéndose cargo de los dolores de la Patria y de su Pueblo. La gestión del Macrismo no puede mostrar ni un solo dato, ninguno, que su gobierno haya elevado la calidad de vida del Pueblo o el mejoramiento de la infraestructura que posibilitara en el futuro esto. Ante esta terrible catástrofe política sobrevino la Pandemia del Covid 19 y así se está luchandocontra ese enemigo invisible.

El pasado 17 de octubre, fecha fundamental del Peronismo, casi su Partida de Nacimiento, a fin de promover una celebración popular como cada año y a fin de evitar el peligro que significaría la reunión de grandes multitudes se estableció una novedosa modalidad de acto público a través de un sitio web. Se estima que en los días previos al Día de la Lealtad unos siete millones de argentinos ingresaron a conocer el mecanismo y se esperaba para el momento del acto, entre las 13 y las 17 horas del sábado una participación de una número igual o mayor de argentinos en otra fiesta popular, propia de la esperanza y la alegría de luchar por el País.

A la hora prevista, cuando ya habían ingresado 1.200.000 ciudadanos, el sistema sufrió un Ciber ataque (Ataque por denegación de Servicio) que impidió el funcionamiento originalmente previsto. El ataque provino de servidores de distintos países del mundo y se estima que fueron emitidos por más de 45 puntos de agresión.

Nuevamente la violencia y el odio. Como en 1945 donde la agresión posterior al 17 vino de la mano de la instalación de un nuevo actor político degradado por la prensa «seria»: «La chusma», «Los cabecitas negras», «Los descamisados» y se tomaron con la icónica foto de los manifestantes con las patas en la fuente de Plaza de Mayo, ésta vez la agresión vino a impedir que millones de argentinos celebran su alegría de ser partícipes de un momento del país de lucha, pero de sacrificio y esperanza, impidiendo el acceso mediante los teclados al acto. Es cierto que esta violencia es sofisticada y sin sangre, pero no por ello menos violencia. Impedir la participación política de los ciudadanos es un ataque a la democracia, además de un ataque al pueblo y a los peronistas que intentaban expresarse con cuidado ante la pandemia que sufre el mundo.

¿Pero… por qué tanto odio? Lo explica mejor Don Arturo Jauretche, a quien siempre vuelvo en cada oportunidad que puedo: «La multitud no odia, odian las minorías, porque conquistar derechos provoca alegría, mientras perder privilegios, provoca rencor»