Volver a la tapa

NAKBA: Reflexiones de jóvenes cineastas palestinos

Foto del Autor
Por "Beto" Gómez
agomez@revistaliberacion.com.ar
Logo

En el principio fue… 

Primero –dicen– fueron los caanitas y después fueron los hebreos. Faltaban mil años para que naciera Cristo cuando Saúl fundó su reino, que después se partió en dos. Hace casi 2700 años el reino de Israel fue abatido por los asirios. Hace 2560 años el reino de Judá fue liquidado por los babilonios, y en el año 70 de nuestra era los romanos arrasaron Jerusalén. Estos son los precedentes históricos del Estado de Israel, sus títulos de propiedad sobre Palestina.

Rodolfo Walsh, Noticias, 1974.

¿Usted de dónde es? —Soy de Jaffa. —¿Y dónde vive? —Yo vivo en una carpa. Y usted, ¿de dónde es? —Soy de Bulgaria. —¿Y dónde vive? —Vivo en Jaffa.

-Arlette Tessier, Diálogo en Gaza, 1972.

 Casi 50 años pasaron desde que Rodolfo Walsh escribiera para el diario Noticias sendas notas sobre los campos de refugiados palestinos. Y sin embargo pareciera que ese paisaje de carpas y algunas construcciones de material, y alambrada electrificada, no haya cambiado mucho desde ese entonces. Quizás ya no estén las carpas y la alambrada que rodeaba el campo de refugiados, y hoy ya no sea mas eso, porque fue remplazado, ahora, por un muro de 7 metros de alto, con garitas en las torres cada 50 metros, por donde el ejército israelí controla a la población palestina, ahora tres generaciones encerradas. Pero al igual de décadas anteriores, el hacinamiento, la falta de agua, el corte de luz varias veces al día sigue siendo los mismos parámetros de los refugiados antiguos y actuales.

En una conversación, vía Zoom, con dos cineastas jóvenes Palestinos, Wisam Al Jafari y Tamara Abu Laban, que nacieron y viven en Dheisheh – uno de los primeros campos de refugiados palestinos, creados en 1948, después de que varias aldeas árabes fueron atacadas por las fuerzas de choque armadas proisraelíes y que más tarde, estos constituirán el ejército actual – nos cuentan sus vivencias diarias y su pasado.

El dialogo con estos realizadores, por tres generaciones de refugiados viviendo en este campo, detallan con sus trabajos creativos – Al Jafari’s Ambience y Abu Laban’ Behind the Fence, ambos hechos en 2019 – la vida de los campos de refugiados hoy y que muestran que muy poco ha cambiado a través del tiempo.

Dheisheh en realidad es un pequeño “pueblo” hoy de 1 km y medio cuadrado, alquilado por 99 años bajo responsabilidad de las Naciones Unidas y donde viven más de 20 mil personas. La UNRAWA (Agencia de las Naciones Unidas para Refugiados Palestinos) que administra y garantiza la alimentación de la población desplazada, mas parte de la salud y la educación de los niños creando escuelas dentro del campo mismo; dicen que están casi sin presupuestos. Mientras tanto el control militar, territorial, es del gobierno israelí.

Los niños no tienen plazas, lugares de entretenimientos, juegan en las calles, que en realidad son pasillos angostos, muy parecidos a los de nuestras villas miserias, con construcciones precarias de una o dos habitaciones y en horizontal siempre, para ganar espacio hacia arriba, “como buscando aire y libertad” diría un poeta palestino. “Falta de libertad si y de desplazamiento para ir a filmar en locaciones” nos dicen Wisam y Tamara que no pueden salir del campo sin permiso.

 Behind de Fence, documental testimonial hecho por Tamara Abu Laban, narra con crudeza y precisión, por los testigos directos del éxodo en ese campo y sus primeras vivencias. Carpas y alambres de púas, donde el frio, la nieve, y el hambre era lo cotidiano, sin frazadas o colchones, debían sobrevivir en la intemperie.

La revelación de mujeres y hombres mayores que Tamara, inclusive de su propia familia, que sufrieron cárcel y persecución, no dejan aun en esas condiciones inhumanas desterrar la esperanza de volver algún día a sus tierras, sus canteras, sus campos, sus viñedos, sus olivares que por tiempos remotos les pertenecieron. Creer y crear aun en las peores circunstancias, es digno de admiración para este pueblo.

Trabajo fílmico que testimonia y construye memoria histórica al mismo tiempo, comenzó con un guion, “y que se desarrollo por si mismo al transcurso de la filmación,” dice Tamara.

 Mientras tanto, con Ambience cuenta su realizador, Wisam Al Jafari, sucedió la película cuando intentamos filmar, algo que era imposible hacer, por la falta de privacidad, silencio y espacio. “Entonces decidimos salir con la cámara, día y noche para grabar movimientos y sonidos del campo. Nuestros ambientes diarios creando la música que no podíamos hacer en un cuarto cubierto de cajas de huevos, improvisado como estudio de grabación”

Al final, la música de lo habitual, el movimiento de lo humano en un espacio, aunque cercenado, logro liberar su poderosa energía, de vida. El resultado es ni mas ni menos, una conjunción de sonidos, ruidos increíbles que se construye por si mismo, como un manifiesto poético de denuncia y resistencia.

Pero aclaran los dos, “Los festivales de cine en general, son pocos los que aceptan nuestros trabajos, si hacemos algún tipo de denuncias, sobre nuestra realidad, en general nos rechazan.” Nos cuentan estos dos jóvenes sobrevivientes de tres generaciones, de desplazados. Y ante el requerimiento de saber de cómo viven hoy con la pandemia, responden:

“Mucha gente, al igual que cuando el ejercito israelí decreta por alguna razón toque de queda, debemos quedarnos en nuestra casa por días con las consecuencias que esto trae. Muchas personas perdieron sus trabajos al no poder salir, comerciantes, empleados, es decir:  con la pandemia es la misma situación que con el toque de queda habitual, pero con menos miedo, ya que, si salís, esta la pandemia y no corres el riesgo de que el ejército te reprima.” 

Frio, hambre, nieve, carpas, alambres de púas, pasillos, destierro, cárcel, muro, guerras palabras que acompañan estos pueblos en destierros. Los palestinos no son los únicos, que la pandemia día a día va haciendo mas olvidados, mas desterrados. No olvidemos.