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LAS ENSEÑANZAS DE LA HISTORIA

El 16 de setiembre de 1955 y el retorno del poder oligárquico a la Argentina

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Por Centro de estudios y de investigaciones históricas “JUAN DOMINGO PERON”
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Hace un poco más de seis décadas, un 16 de setiembre de 1955, un golpe cívico-militar que había sido precedido por el sangriento bombardeo a Plaza de Mayo del 16 de junio del mismo año, derrocaba al legítimo gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, y con él, se inauguraba en el país una etapa de sucesivos golpes cívico-militares y la alternancia en el ejercicio del poder político de militares golpistas con gobiernos civiles, todos viciados en su legitimidad constitucional por la proscripción política de la masa Peronista.

Pero más allá de la cuestión de la legitimidad constitucional de aquellos gobiernos que se sucedieron a partir de 1955 y hasta el 25 de mayo de 1973, se debatían otras cuestiones fundamentales: ¿Cuáles habían sido las razones de aquel golpe de estado, cuáles fueron sus objetivos y qué fuerzas políticas y grupos de interés lo apoyaron? Con el Peronismo – tras la histórica movilización popular del 17 de octubre de 1945- había triunfado el naciente y pujante proletariado industrial y una política nacionalizante que era contraria a los intereses de la oligarquía tradicional y naturalmente del imperialismo, su socio secular.

No es accidental que, la dictadura liderada por Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Rojas, tuviera por activo protagonista desde la Junta Consultiva Nacional a toda la partidocracia liberal de la época (socialistas, conservadores, demócratas progresistas, etc.), incluyendo naturalmente a la “democrática” Unión Civica Radical. Tampoco fue accidental que, tuviera el apoyo de los grupos empresarios nucleados en la UIA, de la oligarquía agro ganadera nucleada en la Sociedad Rural y de la jerarquía de la Iglesia Católica, tradicionalmente conservadora y reacia a admitir la separación de la Iglesia del Estado. Pero tampoco sería accidental que, de inmediato, se incorporara a nuestro país al Fondo Monetario Internacional (una obra maestra del genio norteamericano para servir a sus intereses imperiales, al decir de García Vizcaino) y que, por un bando militar se abrogara la reforma constitucional de 1949 que, le daba jerarquía constitucional a los derechos del trabajador y que, con el Art. 40, nacionalizaba los yacimientos de hidrocarburo y las minas, los servicios públicos y el comercio exterior a través del IAPI.

Por imposición del FMI, la deuda comercial (producto de los acuerdos comerciales bilaterales fácilmente saldables), se convierte en deuda financiera y comienza el segundo proceso de endeudamiento externo con la banca usuraria internacional, deuda cuya gravosidad compromete el presente y el futuro de los argentinos (la primera se inició hacia el año 1824 en tiempos de Rivadavia, con el empréstito de la Baring Brothers).

Así, a sangre y fuego y con la amenaza de bombardear la destilería de La Plata de YPF (la Marina había sido rearmada en altamar por el almirantazgo británico), los personeros de la oligarquía tradicional decretaban la proscripción política del Peronismo y condenaban al Gral. Perón al ostracismo del exilio, con el telón de fondo de la intervención a la CGT y a la totalidad de los sindicatos, incluyendo la cárcel para cientos de dirigentes políticos y sindicales por su filiación peronista y aquél histórico y “democrático” Dto. 4161 por el cual, se condenaba con prisión de hasta seis años, multas de hasta un millón de pesos e inhabilitación perpetua para ocupar cargos políticos y/o sindicales, a quienes utilizaren las palabras Peronismo, Justicialismo o cantaran la marchita. Nada de aquello serviría para acallar las justas rebeldías de nuestro pueblo.

Estados Unidos saludaba el fin del no alineamiento de la Tercera Posición y la incorporación de nuestra Patria al FMI, y desde la Cámara de los Comunes en Inglaterra, el líder conservador Winston Churchill saludaba el triunfo de la oligarquía y el comienzo de una política de resignación neocolonial: “la caída del tirano Perón en la Argentina, es la mejor reparación del orgullo del Imperio y tiene para mí tanta importancia como la victoria de la segunda guerra mundial y la fuerza del imperio inglés, no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida ni tampoco después de muerto”.

Una década de gobierno, de obras impregnadas por la mística militante de nuestra querida Evita y de prédica revolucionaria que, ponían en tela de juicio la democracia formal del liberalismo y la dependencia neocolonial de la Patria, fueron suficientes para forjar y cimentar en la clase trabajadora esa formidable conciencia revolucionaria, que haría posible la resistencia popular a los planes proscriptivos con los cuales la oligarquía, con la complicidad de los mandos militares, intentó barrer de la conciencia popular al Gral. Perón y al Peronismo. Ello no fue posible y esa es la enseñanza de la historia que debe ser revalorizada por el Peronismo de nuestros días. Tras casi dieciocho años de proscripción y exilio y de heroicas luchas con el martirologio de cientos de compañeros, Perón retornó a la Patria un 17 de noviembre de 1972 y logró nuevo triunfo electoral en los comicios de marzo de 1973, pero esa es otra historia.

El escritor, historiador y periodista Félix Luna, que lejos estuvo de ser Peronista, supo alguna vez resumir con todas las letras lo que significó el legado del Gral. Perón tras su derrocamiento: “Se iba Perón. Y dejaba su país un saldo que puede discutirse en muchos aspectos, pero que incluía innegablemente el reconocimiento de la justicia social como un valor incorporado definitivamente a la conciencia nacional, un sentido de la vida colectiva más igualitario y digno y un rumbo hacia la independencia económica que permanecía abierto como una vocación ya irrenunciable en el destino del país. Y en el terreno de los hechos concretos dejaba a la clase obrera con una clara idea de su poder organizada en poderosos sindicatos comprometidos, desde luego, con los intereses de sus integrantes, pero también con el interés nacional” (Félix Luna. “Argentina de Perón a Lanusse”, pág. 92. Edit. Sudamericana/Planeta. Bs. As. 1987).-

Por : Norberto S. Soto – Hector O. Castillo – Ramón A. Salazar Peleato – Ramón A. Gómez – Daniel A. Bordón – Juan M. Roldán

(Centro de Estudios y de Investigaciones Históricas “Juan Domingo Perón”)