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LA SEQUÍA MÁS PROLONGADA DE LA HISTORIA

El río Paraná, el segundo más grande de Sudamérica y el principal de Argentina, está sufriendo la peor sequía de los últimos 77 años. Las causas y consecuencias desvelan a científicos, productores, ribereños, pescadores, militantes ambientales y a las autoridades de los países que sufren las consecuencias

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Por Germán Wiens
gwiens@revistaliberacion.com.ar
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La cuenca de los ríos Paraná – de la Plata padece desde 2019 una sequía con efectos que se evidencian a primera vista y consecuencias que nadie se atreve a predecir, se atraviesa un ciclo de descenso que ya es el más prolongado de la historia. Los niveles de las aguas muy pocas veces visto con anterioridad.

“En cuanto a los tiempos de duración, es la bajante más importante que se tenga registro”, señalan desde el Consejo Hídrico Federal argentino. Si bien la de 1944 fue más marcada no duró tanto tiempo. La gran diferencia es que las condiciones se han modificado totalmente desde esa última sequía y que la capacidad del río para recuperarse también sea distinta.

El Río Paraná, es el corredor principal de una cuenca que tiene una extensión de casi 4000 kms desde su nacimiento en el sudeste brasileño hasta su desembocadura en el Río de la Plata. Con un caudal promedio de 16 mil metros cúbicos por segundo, hoy está en la mitad. Los ribereños de Argentina y Paraguay están absolutamente asombrados.

Causas y consecuencias de la actual sequía desvelan a científicos, productores, promotores turísticos, comerciantes, ribereños, pescadores, militantes ambientales y a las autoridades de varios países que sufren las consecuencias (Argentina, Paraguay, Brasil, Bolivia), hoy la economía depende mucho más del Paraná que en 1944.

Son muchas cuestiones de distintas magnitudes que se van sumando y que han provocado la actual situación. Y es una discusión que se está dando en la comunidad científica:

– La bajante llega porque hay menos lluvias en toda la cuenca, desde Brasil hasta el Río de la Plata, un fenómeno climatológico derivado del evento La Niña que se declaró en agosto de 2020.

– El grado creciente de deforestación y los incendios en la Amazonia hacen que la selva transpire menos y no se formen los llamados “ríos voladores” que originan lluvias.

– El corrimiento (ampliación) de la frontera agrícola ha sido muy marcado y este cambio de uso del suelo potencia los extremos de bajantes y crecidas, se deforesta para plantar soja y se corre la producción ganadera.

– El Paraná es desde hace muchos años un cauce fragmentado por la intervención humana a través de obras de infraestructura, puentes o represas y el dragado permanente para facilitar el tráfico fluvial. En el trayecto de Brasil hay 20 represas. Para el puente Rosario Victoria se modificó el curso del río. Y están en estudio otras obras de magnitud como el puente Goya – Reconquista y otro en Resistencia – Corrientes, además del de Monte Caseros – Fray Bentos sobre el río Uruguay (no se sabe muy bien con que utilidad). La discusión se centra en la necesidad de estas obras para facilitar el tránsito de personas y el tráfico económico de mercaderías, mientras ese tipo de acciones alteran el sistema hídrico y lo dejan más vulnerable.

Seguramente hay otras razones y algunas influyen más que otras, pero el resultado es una alteración del clima que no solo está provocando el actual descenso en los niveles de la cuenca y ha puesto en estado de alerta a los países implicados, sino que la escasa humedad del suelo aumenta de manera notable el peligro de incendios desde el Mato Grosso y el Pantanal de Brasil, en Paraguay hasta el Delta argentino.

Así como vemos la sequía de nuestros ríos nos asombran las imágenes de una Europa inundada o desbordes de cauces en China. El problema es global y seguramente intentar la solución o la mitigación del problema requiere de la conjugación de factores de poder demasiado importantes, más centrados en producir dinero que en cuidar el ambiente. Sin mencionar que en este tipo de discusiones casi nunca entra el ser humano que sufre desigualdades e injusticias, que tiene sed por falta de agua o que se ahoga y pierde sus pertenencias cuando se inunda, o que no tiene cloacas y consume agua contaminada. Los negocios pueden más.

La variabilidad climática está muy potenciada respecto a décadas anteriores y lo que cabe esperar son cambios cada vez más bruscos. Tenemos que acostumbrarnos y estar preparados a enfrentar los dos extremos, sequias e inundaciones, porque nos van a jaquear de manera permanente. Varias provincias del país se enfrentan a la peor sequía de los últimos 90 años.

La crisis ha provocado una reducción en la producción de electricidad que puede ser crítica con la temporada veraniega si pronto no aparecen las esperadas lluvias. También la amenaza del racionamiento del agua y la interrupción de los ciclos de cultivo. La agricultura, un motor económico de la nación, que depende de energía, de agua de lluvia o riego y del río como medio de transporte, ahora está en riesgo.

Por otra parte, sin ninguna duda lo más peligroso es el daño ambiental que produce el descenso hídrico en la cuenca. La fauna ictícola es la que recibe el impacto directo. Los peces pierden las áreas donde desovan y en otros casos los huevos y las crías quedan expuestos a depredadores, lo que reduce rápidamente la población.

Mientras se da este escenario de catástrofe que algunos temen que pueda ser irreversible, el Gobierno argentino ha “retomado el control del río” y los operadores económicos sólo se plantean aumentar el calado (profundidad que alcanza la parte sumergida de una embarcación) y ensanchar la hidrovía, el canal navegable del Paraná. El objetivo es facilitar la entrada de buques con mayor capacidad de carga y que puedan hacerlo con doble vía de circulación. El fin último, por supuesto, es aumentar las posibilidades para exportar granos y otras mercancías, lo cual sería además un estímulo para potenciar la expansión de la frontera agropecuaria, tanto en Argentina como en Paraguay, Bolivia y el sur de Brasil. ¿Agigantar el problema? Luego de lo cual se proyecta privatizarlo nuevamente. El debate de si a la hidrovía la queremos estatal o privada, para que siga igual que hasta ahora ya lo hemos tratado oportunamente y el tema no está agotado. Hoy encaramos el río desde otra dimensión.

El debate serio sobre el tema no se nota ni en los ámbitos oficiales ni privados con la intensidad que debiera tener, se ven demasiado las falencias de las áreas respectivas, especialmente el Ministerio de Medio Ambiente para ofrecer respuestas a las crecientes necesidades generadas por la falta de agua desde arriba, por el río y desde el suelo. Algunos no les llueve ni una idea.-