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LA RESTRICCIÓN EXTERNA (parte 2)

En el número anterior se analizaron las políticas cambiarias de Martínez de Hoz, Cavallo y del período 2011-2015. Veamos ahora cómo fue esa política durante el macrismo.

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Por Ricardo Martín
riosmaju@gmail.com

La política cambiaria durante el gobierno de Macri fue, ante todo, incoherente. El famoso “mejor equipo de los últimos 50 años” fue en materia económica un rejuntado que involucró unos 7 ministerios más el Banco Central, carente de coordinación y la muy escasa que se intentó, estuvo a cargo de un funcionario con rango inferior al de los que tenía que coordinar. Esto es malo en sí mismo, pero particularmente peligroso en situaciones críticas, como las que padecimos en los últimos dos años de esa gestión.

Cuando ese gobierno asumió, el tipo de cambio -ya dijimos- era demasiado bajo; este fue, junto con el estancamiento económico y el déficit fiscal, uno de los principales problemas de la coyuntura que debió enfrentar el nuevo gobierno. El macrismo aumentó el dólar un 60% nominal en poco más de 2 meses, para luego dejar caer, durante los siguientes 14, el valor real de las divisas a un nivel casi tan bajo como el que recibió de herencia. Los próximos dos años continuó con la misma política, alternando devaluaciones y posteriores apreciaciones del peso. Así, el valor real del dólar en la era Macri fluctuó como se muestra a continuación, medido por el Índice del Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM). Este índice es elaborado por el Banco Central desde 1997 y responde al nivel real del tipo de cambio local, respecto de los principales países con los cuales comercia la Argentina, depurado de la inflación en todos los países y ponderado en base al tamaño de nuestro comercio con cada país. En otras palabras, es un índice muy representativo del valor real del tipo de cambio argentino.

Un recorrido errático, incompatible con la planificación necesaria para poder exportar bienes con valor agregado o sustituir importaciones, particularmente dañino en un país como el nuestro, que tiene tan alta sensibilidad a las fluctuaciones cambiarias.

¿Por qué se hizo esto? ¿Qué sentido tiene devaluar, con el consiguiente impacto negativo sobre la inflación y la estabilidad económica en general, los salarios y el mercado interno, si después volvemos a tener prácticamente el mismo problema que antes de la devaluación? Esa pregunta la debieran responder los que así obraron, si es que pueden. Está claro que este grueso “error” contribuyó mucho al descalabro económico de ese gobierno, que en todos sus índices mostró un fuerte retroceso respecto del año 2015.

¿Y cómo hicieron para producir las caídas del tipo de cambio, con un mercado que fue libre hasta casi el final de esa gestión? Pues endeudando desmesuradamente al país en moneda extranjera, para vender parte de esos dólares en el mercado interno, lo cual deprimió esporádicamente el precio de la divisa, que luego se recuperaba con algún golpe de mercado, para volver a caer más tarde por la oferta del gobierno. Un endeudamiento perverso, que además sirvió para financiar una descomunal fuga de capitales.

Argentina necesita, entre muchas otras políticas, un manejo cambiario que adopte un tipo de cambio alto y lo mantenga constante, en términos reales, durante un largo período. Constante y sin fluctuaciones, compensado con retenciones sobre las exportaciones de alimentos y demás materias primas sin elaborar, para que la comida sea accesible y la industria cuente con insumos más baratos (1). Ello, en un marco de recuperación de la producción, la ciencia y la tecnología nacionales, permitiría incrementar fuertemente las exportaciones industriales y sustituir importaciones, única manera de resolver para siempre el problema histórico y recurrente de la restricción externa: la falta de divisas que de tanto en tanto dispara devaluaciones profundamente dañinas para la mayoría de nosotros.

Y lograría que el dólar, al ajustarse al ritmo de la inflación, deje de ser noticia. Porque cuando es noticia, siempre, siempre, es una mala noticia.

(1) Las retenciones, al bajar el valor que recibe el exportador, hacen que el precio interno de ese producto sea más bajo, porque en estos rubros el precio local tiende a igualar al de exportación.

Síntesis

Entonces, cómo es esto? Conviene tener un tipo de cambio alto para que haya empleo y crecimiento económico, pero para alcanzarlo hay que devaluar y esto empeora todo: bajan los salarios, se acelera la inflación y la economía puede volverse inestable. Mucho sufrimiento social han traído las devaluaciones, eso todo el mundo lo reconoce. Pero casi nadie dice que ellas ocurren por haber tenido antes un período más o menos largo con el peso exageradamente apreciado, es decir, con el dólar bajo, que abarata los alimentos, la electrónica, los autos, etc. Demagogia que acaba pagándose muy cara.

El gobierno popular que se inició en mayo de 2003 recibió un tipo de cambio muy alto, debido a la crisis que siguió a la explosión de la convertibilidad. El dólar subió de $1 a $4 en los primeros meses del año 2002 -aunque luego fue cayendo hasta unos 3 pesos- no obstante, la inflación en todo el año siguiente fue de sólo el 3,66%. Era una excelente ocasión, para iniciar una política de desarrollo aprovechando esa circunstancia. Se hizo bastante: la economía creció, mejoraron los salarios, se recuperó la industria, la ciencia, la tecnología y mucho más; pero a partir de 2008 se fue induciendo una caída del tipo de cambio real, para terminar en el año 2015 con un dólar muy barato e insostenible y una economía con 4 años de estancamiento.

El siguiente cuadro muestra la variación promedio anual del PBI Total, Industrial y Agropecuario, así como de las exportaciones Totales e Industriales, para los años 2003 a 2019, conforme al nivel del tipo de cambio de cada período. El tipo de cambio (1), es el ITCRM antes descripto. El PBI (2), es el Valor Agregado Bruto a precios básicos, es decir, sin impuestos (lo que producimos dentro del país en cada período, a moneda constante). Aquí se observa cómo los períodos de dólar alto o muy alto se corresponden con un fuerte crecimiento del PBI y de las exportaciones, ambos traccionados por la industria, que proporciona empleo de calidad.

El tipo de cambio tiene que ser una política de estado. Hay que alcanzar un nivel alto de manera gradual y muy cuidadosa, tratando de minimizar los efectos adversos de la devaluación en la distribución del ingreso y la estabilidad económica (posiblemente mediante un amplio acuerdo económico y social), luego mantenerlo elevado hasta lograr un desarrollo económico sostenido, que por supuesto, requerirá de otras políticas además de la cambiaria y de muchos años de coherencia. Una vez alcanzado ese desarrollo se puede ir apreciando el peso, porque un país con alta productividad puede tener y sostener una moneda valorizada. Y recién entonces una amplia mayoría de la población va a poder viajar al exterior sin hipotecar su propio futuro.

POSDATA

Decíamos que el tipo de cambio alto sirve para compensar las desventajas comparativas originadas por ejemplo, en una menor eficiencia relativa de la industria. Pero no sirve sólo para eso. También presenta desventajas comparativas una economía que tiene salarios altos, o una sociedad que cuida el medio ambiente: ambas políticas incrementan los costos de producción. El tipo de cambio sirve para compensar esos mayores costos, que ya no se generan en ineficiencias, sino en una decisión de de tener una calidad de vida mayor que otras con las cuales tiene que competir en el mercado mundial