Volver a la tapa

LA LEGITIMIDAD DEL PODER Y LAS LEGÍTIMAS ASPIRACIONES

El gobierno no pudo construir legitimidad de acción. Falta lo escencial de nuestro movimiento: el mejoramiento de la situación social. El Peronismo es empatía entre gobernante y pueblo, realizaciones, capacidad conductiva y también un grado de carisma. Sufrimos el drama de la selección de las personas para ocupar los cargos y no sólo ejecutivos, también judiciales y hasta legislativos.

Foto del Autor
Por Germán Wiens
gwiens@revistaliberacion.com.ar
Logo

El peronismo como fenómeno político-ideológico surgido en un contexto histórico particular, significó el desmantelamiento de la legitimidad liberal surgida en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del siglo XX, al mismo tiempo que permitió construir una nueva estructura de legitimidad apoyada en bases instrumentales, conceptuales y organizacionales propias del movimiento creado por Juan Domingo Perón.

En principio, no deja dudas de que la legitimidad del poder es un fenómeno universal, de carácter primario, pero que sin embargo admite respuestas varias y más que nada de carácter históricas. El peronismo, fue explicado de maneras innumerables de acuerdo al pensamiento del expositor, sin embargo leyendo la realidad de los acontecimientos, esto es de lo sucedido en el tiempo, mínimamente convenimos que vemos al Peronismo como un proyecto político-ideológico fundado en las realizaciones, es decir, en su accionar al frente del Estado, originando políticas públicas que están centradas en el bienestar popular, se puede entonces sugerir que la legitimidad peronista es el resultado de una combinación entre realizaciones gubernamentales, capacidad conductiva y también un grado importante de carisma. (Decía el General: “mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar”). Estos elementos imponen una cultura nacional, popular y revolucionaria que llamamos Peronismo.

Esta breve introducción es para tratar de explicar el sentido que le damos a la nota en la que pretendemos exponer la realidad por la que atravesamos y que la mala praxis de nuestra principal dirigencia no es ajena. Las cosas no suceden por casualidad o solamente por la pericia, ingenio y poder de fuego del enemigo, también suceden porque no somos lo suficientemente diligentes, porque nos dejamos apurar más por los intereses ajenos que los propios y muchas veces por las ambiciones personales.

El Presidente Alberto Fernández, al que tenemos en alta consideración, no sólo por el cargo que ocupa sino y más que nada porque lo ocupa en nombre del Peronismo, tiene la legitimidad originaria de los votos para ocupar la Presidencia de la Nación y ejercer en plenitud todas las facultades que la posición otorga. Nuestro Presidente tuvo que soportar, como sostenemos desde el primer día simplificando la realidad, dos pandemias. La que dejo el macrismo y la enfermedad del coronavirus íntimamente ligada a la primera, que había dejado un país sin fondos y en ruinas, con la salud publica desmembrada.

Todo ello no es óbice para que a muchos no nos haya gustado la manera en que el Presidente llegó a su actual representación, porque tomó legitimidad prestada, fue producto de la imposición de quién tiene legitimidad PROPIA, por votos, carisma y gestión. Tal vez hubiera sido más “prolijo” y beneficioso para todos someter al compañero Fernández a la competencia interna, pero bueno, el verticalismo que practicamos nos impuso la candidatura y la aceptamos disciplinadamente. Llegado a la Presidencia el compañero Presidente trató de mostrarse como un “outsider”, en el sentido de “alguien que vive aparte de la sociedad común” o “alguien que observa un grupo desde fuera”. Y su mentora dejó que eso sucediera, seguramente porque no quería que nadie pensara que el Presidente era un títere, tenía para sí que el Presidente impuesto era un socio, un compañero que debía cumplir con la consigna que el pueblo en la legitimidad otorgada le había conferido, no podía ir más allá. Con esto quiero decir que bien podía aspirar a otro periodo, pero éste debía ser conferido de la misma forma en la que se obtuvo el actual. Cristina debía ungirlo y Massa debía acompañar.

Nada de esto sucedió. Alberto Fernández jugó anticipadamente su carta, sin la consulta necesaria a quiénes le habían otorgado la posibilidad de ser PRESIDENTE y que seguramente tenían también “legítimas” aspiraciones, Cristina no sabemos, en el caso de Massa ninguna duda. En medio de todo esto la pandemia que no termina de irse, la negociación con el Fondo que conformó más a la oposición que a los oficialistas, la guerra con su afectación mundial y un enemigo mediático/político/judicial que no ceja en su afán golpista.

Por otra parte, las realizaciones no llegaron y lo que se realizó no fue comunicado o lo fue mal (si no tenemos cadena nacional, las noticias las impone Clarín y sus socios). A este gobierno Peronista le falta el condimento que hace a la esencia de nuestro movimiento, el mejoramiento de la situación social, la mejor distribución de la riqueza, que nuestro tema no sea como se distribuyen la pobreza, no podemos estar discutiendo sobre los planes sociales y el “problema” de los movimientos sociales, ese es el discurso gorila, nuestro tema es el reparto de la torta global. No pudo construir legitimidad de acción. En la base de legitimidad peronista debe haber una empatía entre el gobernante y el pueblo, una suerte de identificación del conductor con los intereses, las necesidades y la manera de pensar y sentir del pueblo.

Como no podía ser de otra manera la jugada al golpe de mercado tuvo éxito, quedamos un tiempo al garete, el dólar subía, la inflación seguía el ejemplo y nuestros popes preocupados por las candidaturas futuras, sin darnos cuenta que así no tenemos futuro. La solución que se propuso fue corrernos un poco a la derecha.

Con Batakis como principal perjudicada, pero también Scioli, Dominguez, Marcó del Pont entre otros, “el vacío de poder” llevó a que una de las patas fundamentales del FdT se posicionara en el escenario político. La unción de Massa cuenta en apariencia con aval de la vicepresidenta CFK, hasta hoy expresado con “señales y conversaciones reservadas”. Está claro que si Cristina no le otorgó un cheque en blanco a Fernández tampoco habrá librado uno a favor Massa. Mantiene intacto su derecho a la opinión diversa que ejercita desde ya hace un tiempo.

Es que algo había que hacer. Los gobernadores exigían, los movimientos sociales tratan de imponer el mentado salario básico universal, los sindicatos con todo derecho aspiran mínimamente a que los salarios acompañen la inflación. Los intereses contrapuestos, la conflictividad por la distribución del ingreso y la riqueza siguen allí.

En la atormentada historia que nos toca vivir, reaccionar era imprescindible y la bola cayó en el que para ello estaba jugando. El extraño modelo de gestión resultante siempre es mejor que “seguir así”. Ahora bien, nadie se crea equivocada y trágicamente dueño del destino común, diría más, ni siquiera del propio. Si se recompone el poder político y se sale de la parálisis que logró activar a la dirigencia peronista queda pendiente lo esencial, la cruel realidad.

El Presidente perdió una cuota importante de poder, cedió cargos de funcionarios íntimos, Cristina en muestra de “pragmatismo” también cedió terreno y Massa se posicionó como candidato a presidente, algo que hasta hace poco solo él creía como una posibilidad. Hay muchos condicionantes, los márgenes de error son muy estrechos, va a ser difícil la convivencia entre la Jefa del Movimiento, un Presidente “políticamente desmejorado” y un Ministro de Economía que tiene perfil de Primer Ministro.

Mirando el 2023 electoralmente, si a Massa le va bien seguramente será candidato por el FdT, rompería así con la tradición de que ningún Ministro de Economía fue Presidente, si le va mal es más que probable que no tengamos aspiraciones serias. Si Massa es candidato el FdT sufrirá altas y bajas. Por un lado, sectores ligados al establishment pueden acompañarlo y los peronistas más duros intentar un nuevo espacio. ¿Cómo queda CFK en todo esto? puede soportar otro fracaso en la selección de nombres? Scioli, Fernández y ahora Massa, de peronismo bastante poco. Así y todo, la aceptación disciplinada de la militancia sigue firme y constante. ¿Cuál es el límite? ¿somos capaces de soportar un nuevo fracaso? ¿es CFK capaz de soportar otra decepción? Sufrimos el drama de la selección de las personas para ocupar los cargos y no sólo ejecutivos, también judiciales y hasta legislativos.

O nos olvidamos que Rossati fue Procurador del Tesoro y Ministro de Justicia de nuestro gobierno, Convencional Constituyente y hasta Intendente justicialista de Santa Fe y que Lorenzetti fue propuesto por Cristina. Hasta Stornelli fue Ministro de Seguridad de Scioli 3 años. Jueces y Fiscales designados por nuestro gobierno hoy enjuician a nuestros compañeros y principalmente a Cristina (Luciani y Giménez Uriburu). No se puede ser complaciente con el enemigo y dejar afuera al compañero.

Nada es sencillo en estas horas, se equivoca quien afirma lo contrario. Solo el pueblo movilizado salvará al pueblo y el peronismo solo podrá salvarse a sí mismo.