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GRRR: LO ESTABAMOS HACIENDO BIEN

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Por Alfredo Vara

1970 fue un año muy politizado para nosotros. El 15 de mayo de 1969 habían asesinado a Juan José Cabral en Corrientes y desde entonces las protestas contra el gobierno militar no pararon de crecer. En mayo del 70, Grrr reflejaba eso en su nº 4.

La revista se decía “CULTURAL” pero estaba en un 100% dedicada a la política: ese nº se lo dedicamos a Cabral y otros estudiantes muertos en la lucha. Presentaba una “cronología” que cubría mayo y junio del 69. Analizaba todo el año: correntinazo, rosariazo, cordobazo, asesinato de Vandor. Pero estábamos haciendo mucho más que eso: invitamos a las cinco agrupaciones universitarias de Corrientes a pronunciarse y fijamos nuestra propia posición: todas proponían unir la lucha estudiantil a las reivindicaciones obreras en curso: Agustín Tosco, Raimundo Ongaro, Atilio López y Alejo Simó. Nosotros acordábamos, pero señalábamos también que la autonomía universitaria no había sabido convertir la universidad en una al servicio del pueblo nacional y popular: “El 90% por ciento de los estudiantes van a ella para volverse profesionales y gozar de los beneficios personales que ello implica. Los 500 ejemplares del Grrr nº 4, se vendieron todos en la puerta del comedor universitario. Pero proponíamos más: el movimiento estudiantil debía integrarse al movimiento nacional y popular que ya existía, y que la Federación Universitaria Argentina seguía considerando fascista.

Lo estábamos haciendo bien: en ese nº publicamos un “documento” que explicaba la traición de la dirigencia argentina en el asunto de las carnes: de cómo se beneficiaron los frigoríficos y los ferrocarriles ingleses con la complicidad argentina: el famoso pacto Roca Runciman. Y se lo estábamos explicando a los estudiantes que no tenían ni idea. Dos comentarios de libros cerraban el nº. 1) “Di Giovanni, amor y dinamita” de Osvaldo Bayer: pero no nos enamorábamos de Di Giovanni: “…se equivocaba ferozmente, pues el movimiento ácrata nunca interpretó la realidad del país…” 2) Comentamos “La Sociedad Carnívora” de Herbert Marcuse: se le reconocen, entre otros, el mérito de decretar la caducidad de los aparatos de la izquierda tradicional, léase partidos comunistas. Pero tampoco nos enamorábamos de Marcuse: apostar a los estudiantes, intelectuales y beatniks como la nueva vanguardia revolucionaria, descartando a las masas, nos parecía, a los pendejos que éramos, un error grosero en países como el nuestro: organizaciones obreras en lucha, estudiantes luchando en las calles y un movimiento nacional y popular organizado y probado en una larga lucha de resisistencia.  Grrr estaba donde tenía que estar, lo veremos también en sus nº 6 y 7.