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Entre pestes y pandemias. Condiciones epidemiológicas y educación.

La actual pandemia no ha sido el único episodio que trastocó lo cotidiano. Otros tiempos estuvieron signados por pestes y epidemias, donde también se se adoptaron medidas para el cuidado de la población que dejan entrever su repercusión en la educación.

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Por Nora Catoira

Algunos momentos de nuestra historia nos advierten que la pandemia de COVID-19, que transita actualmente el mundo y nuestro país, no ha sido el único episodio que dislocó y trastocó lo cotidiano. Si bien la humanidad atraviesa una situación sin precedentes, es posible señalar la existencia de otros tiempos signados por pestes y pandemias. Esos episodios no solo aportan información sobre los modos y formas en que se adoptaron medidas para el cuidado de la población, también dejan entrever cómo las mismas repercutieron en la educación.

Entre los años 1856 y 1886, circularon por la Argentina enfermedades calificadas como letales en aquella coyuntura. En el verano de 1868, el cólera se extendió a lo largo del territorio bonaerense y afectó, además, a varias provincias. Por esa época, en 1871, un brote de fiebre amarilla estalló en el barrio de San Telmo, de la ciudad de Buenos Aires. La aparición de esa enfermedad y sus efectos en la tasa de mortalidad trajeron aparejada la idea de salubridad, que se impregnó en lo escolar y llevó a pensar ese ámbito no solo como un espacio para lo educativo, sino también como un lugar para la salud.

En el período 1918-1919, las noticias alertaron sobre una enfermedad que hacía estragos en España y se diseminaba por otros países de Europa. Fue conocida con el nombre de gripe española; ingresó a la Argentina por el puerto de Buenos Aires y azotó al país en dos olas. Esa pandemia expuso no solo la propagación en oleadas, también puso de manifiesto la necesidad de tomar medidas tendientes a evitar el contagio —atento a la particularidad de cada provincia y a la gravedad de la situación sanitario-epidemiológica—, medidas que fluctuaron entre cerrar establecimientos educativos, prohibir la concurrencia a velorios y suprimir la apertura de templos religiosos.

Años más tarde, en 1956, un brote de poliomielitis tomó dimensiones de epidemia. Cabe recordar que, a partir del triunfo de Perón en 1946, Ramón Carrillo asumió la conducción de la Secretaría de Salud Pública, elevada a posteriori a rango ministerial. Su ardua gestión en materia sanitaria -en combinación con la Fundación Eva Perón- redundó en la construcción de hospitales, la gratuidad en la atención a pacientes y la presencia de un tren sanitario en el país. Puede afirmarse que el sistema sanitario estaba extendido, lo cual constituyó la antesala que posibilitó al gobierno militar afrontar la polio. En el curso de esa epidemia, también hubo definiciones que incidieron en lo educativo, entre las cuales pueden citarse el inicio tardío de clases, el empleo de los establecimientos escolares para la campaña de vacunación (la vacuna inyectable Salk contribuyó a la cambiar la escenario en esos años) y tanto la atención como la rehabilitación de los afectados. Años más tarde, el contexto se modificaría con la aparición de la vacuna Sabin oral.

Entrados en el siglo XXI, la pandemia del virus gripal A (H1N1), también conocido como gripe porcina, comenzó en América del Norte en abril del 2009 e ingresó a nuestro país en el mes de mayo. Los contagios iniciales producidos por contacto local aparecieron en instituciones educativas de la zona norte del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Las medidas implementadas consistieron en el cierre preventivo de los establecimientos en donde se hubiesen detectado casos y en la suspensión de clases a partir de julio en todo el territorio nacional, en virtud de lo cual se adelantó el período de receso invernal y se sostuvo la medida hasta agosto, cuando el regreso se acompañó con medidas preventivas de higiene y sanitarias.

El COVID y la educación: un territorio en disputa

Llegados al 2020, una enfermedad de carácter pandémico causada por el coronavirus SARS-CoV-2 (COVID-19), cuyos inicios surgieron en la ciudad china de Wuhan, irrumpió violentamente e hizo estragos a nivel mundial. El 11 de marzo del 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS), declaró el brote del nuevo coronavirus como una pandemia. Días después, nuestro Gobierno Nacional del Frente de Todos adoptó medidas inmediatas e imprescindibles para hacer frente a la emergencia: decretó el aislamiento social, preventivo y obligatorio, en virtud de que hasta el momento no se disponía de tratamientos antivirales, ni de vacunas que previnieran la enfermedad, ni de un sistema sanitario expandido debido a que el gobierno de Macri había eliminado el Ministerio de Salud convirtiéndolo en una secretaría dependiente del Ministerio de Desarrollo Social.

Conjuntamente con esa decisión, se definieron una serie de medidas progresivas tendientes a morigerar el impacto de la pandemia, mientras desarrolló una serie de programas de apoyo a la producción y al trabajo, al turismo y a la educación. Ayuda a pymes para el pago de sueldos; congelamiento temporario de alquileres y la suspensión de los desalojos; prohibición de despidos por sesenta días que luego prorrogó; congelamiento de tarifas de telefonía fija y móvil, internet y TV paga, sólo por mencionar algunas.

La medida de aislamiento social, preventivo y obligatorio, la posterior de distanciamiento social, la adquisición de vacunas, la concreción de un plan de vacunación gratuito y voluntario, entre otras acciones, han puesto de manifiesto de qué forma el Gobierno Nacional protege la salud pública.

En estos escenarios, la educación transita el desafío de generar dispositivos garantes de los derechos, que fluctúan entre el empleo de entornos virtuales y el regreso presencial seguro y con protocolos, toda vez que las disposiciones en materia educativa atienden a la particularidad de las situaciones en cada provincia, municipio o jurisdicción y garantizar que la circulación del virus no contribuya al agravamiento de la situación.

En este sentido y con estos fines, a mediados de la segunda semana de abril pasado, el presidente Alberto Fernández, desde su férrea decisión de seguir cuidando la salud de los argentinos por encima de todo, intervino de manera decidida en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), dado el agravamiento epidemiológico, y dictó algunas medidas que incluyen restricciones.

La respuesta del sector opositor del PRO se hizo sentir de inmediato desafiando la decisión presidencial, llevando la discusión sobre la presencialidad en las escuelas de CABA a la Justicia. Así, no sólo la Justicia de la Ciudad ordenó habilitar las clases presenciales, también la Corte Suprema de la Justicia de la Nación hizo lugar a la demanda fallando contra el Gobierno Nacional. Mientras tanto, diversos gremios docentes y estatales cumplen medidas de fuerza en la ciudad de Buenos Aires ante la evidencia del fracaso de las burbujas en las escuelas y el fallecimiento de personal, al tiempo que avanzan denuncias contra el accionar de Rodríguez Larreta y de sus funcionarios toda vez que ponen en vilo la salud de la comunidad educativa en momentos en que el sistema sanitario está al borde del colapso.

Albert Camus nos hace saber en La Peste que toda vez que se atraviesan epidemias que generan situaciones de crisis, se pone en evidencia lo peor de la sociedad, emergen en ella un sinnúmero de conductas ligadas al egoísmo, a la inmadurez y a la irracionalidad; algo de esto acontece en el sector opositor.

En medio de tantos avatares, el Gobierno Nacional continúa trabajando incansablemente por la protección de la salud pública a través del programa de vacunación y también logra ubicar a Argentina como el primer país latinoamericano en producir la vacuna contra el coronavirus Sputnik V, dado que el Fondo Ruso de Inversión Directa y Laboratorios Richmond SACIF han anunciado la producción del primer lote de esta vacuna en territorio nacional