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EL PUEBLO LEGITIMA DEMOCRATICAMENTE LAS BANDERAS REVOLUCIONARIAS DEL 17 DE OCTUBRE

24 DE FEBRERO DE 1946

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Por Norberto Soto

*Abogado Laboralista, Asesor de Organizacione Sindicales, miembro titular de la FAES.

La política, esto es, todo lo que tiene que ver con el Estado, con el poder político y por fin con la “cosa pública”, requiere como condición fundamental tanto para la militancia como para quienes ejercen el poder del Estado, el cumplimiento de dos requisitos fundamentales: el conocimiento profundo de la historia del país (la que explica las contradicciones de clase y los conflictos sociales, reducidos hoy al eufemismo simplista de “la grieta”) y de una ideología, sin la cual el norte será la administración adocenada y complaciente de un sistema socialmente injusto (el liberal-capitalista) y de un modelo económico que, responde a los patrones ideológicos de las clases dominantes: el neoliberalismo.-

Ya en los tiempos de su exilio en Madrid, el Gral. Perón -frente a la desviación oportunista de los traidores y la especulación mezquina de los conversos-, definía con claridad meridiana la importancia de la historia (haciendo una opción clara y terminante por el revisionismo de José Maria Rosa, J.J. Hernandez Arregui, Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortíz) y de la ideología, justicialista, a la cual concebía revolucionaria: “No concibo una revolución (se refería al cambio de estructuras), sin una ideología que le de sustento filosófico. La ideología origen de las grandes trasformaciones humanas, es imprescindible cuando por lo menos se intenta saber lo que se quiere”.

Esta breve introducción tiene un solo objetivo, señalar que el 24 de febrero de 1946, cuyos 75 años conmemoramos los Peronistas, no constituye una fecha más del calendario para la evocación historicista de los nostálgicos, sino, un mojón del rico historial del Peronismo para nutrir la conciencia, la praxis militante y la mística revolucionaria de las nuevas generaciones que se han incorporado o que se incorporen al Peronismo.

El Peronismo, es parte de un proceso histórico cuyas raíces profundas se encuentra en los orígenes de la nacionalidad. Ahora bien, el 24 de febrero de 1946 es parte de ese proceso histórico y sus antecedentes inmediatos fueron la tristemente célebre “década infame” (1930-1943), el golpe de estado del 4 de junio de 1943 y la irrupción política del GOU en el ejercicio del poder político, la movilización de masas del 17 de octubre de 1945, y por fin, el 24 de febrero de 1946 fecha que, en elecciones libres irrumpió por primera vez a la presidencia de la Nación el Gral. Juan Domingo Perón.

La genialidad política del entonces Coronel Perón fue haber asumido hacia el año 1944, siendo presidente Edelmiro J. Farrell la Dirección del Dpto. de Trabajo -luego Secretaría de Trabajo y Previsión con rango de ministerio y con delegaciones regionales en todo el territorio nacional-, desde la cual llevó adelante su simbiosis política con la clase trabajadora a través del Estatuto del Peón, el aguinaldo, las vacaciones pagas, el salario mínimo vital y móvil, el fuero laboral y con él el acceso gratuito a la justicia y por fin, la legalización de los sindicatos a través de una ley de Asociaciones Sindicales, con la cual se estructuró jurídicamente la unidad del movimiento obrero en una central única (CGT) que, se convertiría con el trascurso del tiempo en la base de sustentación política de su obra de gobierno.

La presión de la Oligarquía a través de sus personeros (Nicolas Repetto, Antonio Santamarina, Ernesto Sanmartino, Alfredo Palacios, Federico Pinedo y Américo y Rodolfo Gioldi, entre otros) sobre los mandos militares y las contradicciones internas en el seno de estas, lo llevaron al entonces Cnel. Perón hacia el año 1945 a renunciar a todos los cargos que detentaba en el gobierno (la vicepresidencia, el ministerio de guerra y la secretaría de trabajo y previsión). No obstante ello y no siendo suficiente por la presión oligárquica, fue encarcelado en la Isla Martín García. Fue esa medida la que se convirtió en el detonante de un hecho histórico que, con el correr de los días cerraría el ciclo de una etapa reaccionaria y entreguista del devenir político nacional: la movilización de masas del 17 de octubre de 1945, definida por el escritor J. J. Hernandez Arregui como “la irrupción política del naciente proletariado industrial para la cual, ni los partidos tradicionales ni el sindicalismo fracturado y ajeno a la cuestión nacional, les daba respuestas”.

El 17 de octubre de 1945, ya liberado y ante miles de trabajadores en Plaza de Mayo, terminado su discurso y ante la pregunta del Presidente Farrel ¿Y ahora qué hacemos?, la respuesta del Cnel. Perón fue terminante: llame a elecciones.

Dando respuesta a esa fenomenal simbiosis de Perón con la clase trabajadora y desbordando las presiones de la oligarquía tradicional que reclamaba “el gobierno a la Corte”, las Fuerzas Armadas convocaron a elecciones para el 24 de febrero de 1946, en cuya oportunidad  se daría la confrontación político-electoral con los máximos exponentes de los partidos tradicionales de la época (Unión Cívica Radical, Partido Socialista, Partido Demócrata Progresista, Partido Comunista y Partido Demócrata Nacional) nucleados en lo que se denominó la Unión Democrática, un contubernio vergonzoso liderado por Spruille Braden, ex embajador norteamericano y ejecutor de la política intervencionista del Departamento de Estado en los asuntos internos del continente. Ni el Libro Azul publicado por el Departamento de Estado para desprestigiar al Coronel Perón ante el pueblo con el estigma infamante de nazi, ni los millones invertidos en la campaña por la Unión Democrática, ni la prédica reaccionaria y tendenciosa de La Prensa y la Nación, ni las costosas solicitadas de la Sociedad Rural y de la Bolsa de Comercio, ni la campaña mediática de la  intelligentzia de los Borges y de los Bioy Casares y del Grupo Sur, fueron suficientes para impedir que la fórmula PERON-QUIJANO de la coalición electoral Partido Laborista-UCR-Junta Renovadora, se alzara con el triunfo sobre la fórmula radical: TAMBORINI-MOSCA, apoyada por la coalición de la tristemente célebre Unión Democrática. Un triunfo electoral que, le permitiría al naciente peronismo no solo la presidencia de la Nación, la mayoría en ambas Cámaras del Congreso y el triunfo en la casi totalidad de las gobernaciones del país, con la sola excepción de Corrientes en la cual triunfó la fórmula radical: BLAS BENJAMIN DE LA VEGA-JUSTO P. VILLAR, apoyada en el Colegio Electoral por la totalidad de los partidos conservadores de la provincia. De esa forma, con el triunfo electoral del 24 de febrero de 1946, el Peronismo y con él el naciente proletariado industrial y un vasto sector de la clase media ingresaba a la Casa de Gobierno, legitimando democráticamente con el voto popular las banderas revolucionarias del 17 de octubre de 1945. El próximo paso sería la solemne declaración de la independencia económica del 9 de julio de 1947 (tras la nacionalización de los resortes estratégicos de la economía nacional) y luego, la Convención Constituyente de 1949, en cuya oportunidad, se elevaría al rango de norma constitucional los derechos del trabajador, la nacionalización del dominio de los hidrocarburos y de las minas, del comercio exterior (IAPI), la nacionalización de los servicios públicos y por fin, el principio de la función social de la propiedad privada y la impronta revolucionaria del Peronismo que sostiene: “la organización de la riqueza y su explotación deben estar al servicio del pueblo, dentro de un orden económico fundado en la justicia social”.-         Para concluir, cabe decir que, el Peronismo no se agota con la Comunidad Organizada y las 20 Verdades. El Peronismo es algo más, es América Latina Ahora o Nunca, la Hora de los Pueblos, Actualización Doctrinaria para la Toma del Poder y el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, es la construcción política, económica, social y cultural de un pueblo que, en histórica simbiosis con el Gral. Perón, llevó adelante una revolución en todo el sentido y la profundidad del término y que, no constituye lo pretérito sino, el presente vívido de la única experiencia popular y nacional, sobre cuyas bases se habrá de construir el futuro de grandeza y de felicidad que nos merecemos los argentinos: la Patria Justa, Libre y Soberana, por la cual inmolaron sus vidas en patriótico holocausto miles de compañeros.