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EL COEFICIENTE DE GINI

Deliberadamente soslayado en el discurso público y en el análisis de la realidad concreta, expresa la distribución del ingreso en una sociedad. Cuanto más alto, mayor desigualdad

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Por Ricardo Martín (*)
riosmaju@gmail.com

Las personas no economistas que gustan de estar informadas sobre las cuestiones económicas, con seguridad han oído hablar, o leído, del Producto Interno Bruto (PIB), el Déficit Fiscal Primario, la Base Monetaria, y demás conceptos necesarios para abordar la materia. Pero probablemente vieron o escucharon hablar mucho menos, si es que lo conocieron alguna vez, del coeficiente de Gini, desarrollado hace más de un siglo.

Ocurre que este coeficiente expresa la distribución del ingreso en una sociedad; y este tema, tan importante como el de la producción misma, es deliberadamente soslayado por buena parte de la profesión económica, tanto intentando sacarlo de la discusión teórica (1), como omitiendo lisa y llanamente su consideración en el discurso público y en el análisis de la realidad concreta. El resultado es que esta importante cuestión es, en gran medida, ignorada, en una especie de “de eso no se habla” acordado por buena parte de la profesión económica.

Este coeficiente -o índice- es un número mayor que cero y menor que uno, que mide la desigualdad de ingresos en una sociedad: cuanto más alto, mayor desigualdad. En los extremos, un Gini de 1 representaría la desigualdad absoluta (si en un país hay, digamos, 10 millones de personas, 1 sola concentra todos los ingresos, y el resto no recibe nada); y un Gini de 0 significaría la igualdad absoluta (las 10 millones de personas tienen exactamente el mismo ingreso cada una).

Resulta muy interesante comparar la distribución del ingreso entre los diferentes países del mundo. Esta información la publica el Banco Mundial -multiplicando por 100 el coeficiente-, y para analizarla hemos promediado los valores correspondientes a los años 2013 a 2019 (último año con datos), debido a que una importante cantidad de países informan este índice de manera bastante irregular -mientras otros directamente no lo informan-, y en muchos casos sólo se cuenta con el dato para 1 ó 2 de esos 7 años. De este modo, hemos podido obtener un índice de Gini más o menos actual para 134 países, de los más de 200 que figuran en la estadística del BM. Y hemos ordenado esos países, desde los más igualitarios, a los menos.

Si tomamos los 18 países que exhiben un Gini promedio menor a 30, que representa un nivel de igualdad bastante aceptable, no extraña encontrar entre ellos, citando siempre antes a los más igualitarios, a Islandia, Finlandia, Noruega, Bélgica, Países Bajos, Dinamarca y Suecia. Pero con más sorpresa vemos que el país que presenta la distribución del ingreso más igualitaria del mundo es Eslovenia, seguido de Ucrania, República Checa, Bielorrusia y República Eslovaca, todos ellos antes de Islandia, que les sigue inmediatamente en el 6º lugar. En general, los ex países socialistas están entre los más equitativos, pero no así los más grandes: Rusia exhibe el puesto 74 en este ranking, y China el 80. Estados Unidos figura 93, detrás de Uruguay (88) y El Salvador (90). Argentina está en el orden 97, superado por Uruguay y El Salvador pero arriba del resto de los países latinoamericanos. Chile está en el lugar 109, y Brasil,127, entre las 134 naciones que presentan este dato.

El cuadro que sigue muestra un conjunto de países, rankeados por su Gini promedio, junto con el coeficiente de los años 2005 a 2019, para que pueda apreciarse la evolución. Así podemos ver, por ejemplo, que si bien Bolivia presenta un índice muy alto de desigualdad (45,2; puesto 111), ha mejorado sustancialmente desde 2005 (inicio del gobierno de Evo Morales), cuando era uno de los países más desiguales del mundo, con un Gini de 58,5. Mostramos ahí los 18 países más igualitarios, más Rusia, China y todas las naciones de América que cuentan con esta información. A la izquierda se observa el orden de cada uno entre los 134 países arriba mencionados.

Si una democracia se fundamenta en los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad que impulsó la Revolución Francesa, la distribución del ingreso, esencial a los dos últimos, no puede quedar afuera del debate público.-