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EDITORIAL

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Por Revista Liberación
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El trabajo militante que se realiza desde Liberación, tanto en el ámbito de las conferencias on line a través del zoom, de ese mecanismo que aprendimos con la pandemia, como con esta publicación mensual Revista Liberación, trata de brindar una visión integradora, nacional, popular y revolucionaria, rompiendo en la medida de las posibilidades con el cerco mediático de las grandes corporaciones.

Lo hacemos desde nuestra idea, dispuestos a escuchar y debatir, convencidos que más allá de las diferencias se debe construir sobre las coincidencias. Mucho se habló y demasiado tiempo, sobre la elaboración de un nuevo “contrato social”, la tan mentada unidad nacional a la que convocaba Perón. Hacia ella debemos marchar, identificando a quienes no sean redimibles y dialogando con aquellos con los que se pueda contar para avanzar en una Argentina más justa, menos desigual, en la que compartamos algunas ideas estratégicas.

Perón ya nos convocaba a ello, cuando en su regreso definitivo al país, reformulaba la verdad que dice que “para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista”, sosteniendo que esta «verdad» debía ser cambiada por la siguiente: «para un argentino no puede haber nada mejor que otro argentino».

A la vez se reunía con Balbín, líder radical y enterraban una grieta que ya transitaba 30 años. «Había que dar ejemplos y amigar al pueblo y nada más que por eso le fui a hablar a Perón”, relató Balbín años después del famoso encuentro del que pronto se cumplen 49 años. Para eludir al periodismo, el radical trepa la tapia de un vecino por una escalera, “la escalera de la dignidad” y dialoga con el líder peronista proscripto tras 18 años de exilio. Balbín dirá: “No es alianza electoral, sino de coincidencias elaboradas ya en el seno del pueblo. No más antiperonismo”. Interrogado por la profundidad de los acuerdos, Perón contesta, definitivo: “Yo con Balbín voy a cualquier parte”. La Patria exigía cualquier sacrificio y cualquier renunciamiento. No se pudo y se desaprovechó “la gran oportunidad”.

Desde el fin de la dictadura, Argentina vive un proceso de democratización. A pesar de avances importantes, siguen existiendo deficiencias en cuanto los roles de las instituciones y por falta de transparencia y diálogo. La imposibilidad de avanzar en temas imprescindibles, como por ejemplo la reforma judicial, nos muestran como se hace necesario la recomposición del contrato social entre los argentinos.

En 1983 se avanzó en la construcción del nuevo contrato y parecía consolidarse sentado en las bases del “Nunca Más”. El juicio a la junta era insuficiente y merced a las luchas populares de Madres, Abuelas, HIJOS y otros organismos que se hacían sentir con mucha fuerza, se avanzó y aunque demoró años, logró que se eliminaron las leyes del perdón y se comenzó a juzgar a los responsables de las graves violaciones a los DDHH en la dictadura cívico militar. En el ínterin el menemato y su peor imitación la Alianza con De la Rua terminaron con lo que quedaba del contrato y vino el que “se vayan todos”.

Un nuevo contrato social basado en la división de poderes, con un nueva Corte y la participación ciudadana son elementos claves de una democracia viva que utilizó Néstor Kirchner para la gran convocatoria que pronto se convirtió en un éxito. Cristina siguió con la tarea haciendo frente a una alta polarización política y exclusiones socioeconómicas, abrió espacios de diálogo plural con el fin de promover consensos acerca de reformas que aseguran mayores niveles de transparencia, incidencia y control ciudadano. Promovió reformas de los marcos legales, la promoción de derechos ciudadanos y la democratización de la comunicación. Y el enemigo de la Patria no se lo perdonó, volvió con mucha fuerza a destruir lo construido. El Macrismo dijo presente!

Las elecciones del 12 de septiembre no pasan desapercibidas y son analizadas en una nota conjunta de dos habituales columnistas. Solo decir que sobran las interpretaciones y quizá la mayoría son válidas, todo está dado desde la óptica desde donde se mira, el “peronista ortodoxo” o de cepa tiene la suya, el “progre” mira diferente y también el de “base marxista”, como así también aquel que lo hace desde la Psicología de las Masas de Freud. Solo diremos desde aquí que a los gobiernos populares se los mide con otra vara, o si prefieren, se pone más alta y así debieran entenderlo aquellos que tienen la responsabilidad de conducir el Proyecto Nacional, porque cuando no lo hacen, la Patria se los demanda.

Así llegamos a hoy con una nueva arremetida neoliberal que tiene al FDT como víctima, queremos colaborar en la recuperación participando de la reflexión crítica con actores claves del proceso democrático, tales como partidos, sindicatos y colectivos sociales.

Por eso Liberación intenta convertirse en tribuna de reflexión y doctrina para las generaciones que pronto se están ocupando de la actividad política. El espíritu crítico de los compañeros que colaboran en este esfuerzo, que implica el trabajo militante casi sin medios, es uno de los caminos a transitar para consolidar la idea y desde allí plantear alternativas para la unidad del pueblo de la Patria.-