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EDITORIAL

La Derecha

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Por Revista Liberación
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Las dimensiones políticas y culturales de los conductores de UCR/ PRO/ Cambiemos se expresan en discursos y acciones antidemocráticas, ellos que se dicen tan “democráticos” y “republicanos” apelan a la más absoluta irracionalidad para cuestionar, desde el rol regulatorio del Estado hasta la política sanitaria. Apoyados en medios hegemónicos que permanentemente por la vía del cuestionamiento político moralizante deslegitiman la democracia. Medios “honestos” que acompañaron dictaduras, que robaron empresas (Papel Prensa) y fueron cómplices de la mayor fuga de capitales de la historia.

El reclamo político poco tiene que ver con la realidad: es una batalla por el poder y dominio del relato ante la opinión pública. Encubre sus intereses reales bajo “demandas razonables”. La derecha argentina sostiene que el país no tiene gobierno. En el colmo de la alucinación, suponen el mínimo confinamiento pandémico como un arresto domiciliario en un gulag sanitarista.

Así condenan cualquier actitud, equivocada o acertada del gobierno y para ello no les importa en convertirse en mensajeros de la misoginia, xenofobia y hasta el racismo. No vamos a mencionar ejemplos, pero sobran en los discursos opositores (Macri, Bullrich, Iglesias, Carrió, Negri, Morales Cornejo). Así vemos la actitud negacionista de quienes vituperan (un 24 de marzo) a los Organismos de DDHH, a Estela de Carloto y que decir si entre ellos hay un ex Presidente. Los aliados que observan, o piensan lo mismo o su silencio los convierte en cómplices.

El neoliberalismo criollo, Macrismo mas radicalismo de derecha, han creado un discurso con efectos omnipresentes en las maneras de pensar y las prácticas político-económicas, hasta el punto de que ahora forma parte del sentido común con el que algún sector de la población interpreta, vive, y comprende la realidad.  El proyecto busca restaurar la dominación de clase de aquellos que se sintieron amenazados durante los gobiernos Peronistas de los Kirchner por el razonable ascenso social de sectores populares.

MACRI DESDE LA CAMA DIRIGE LA DERECHA

En apariencia han tenido una efectividad política limitada, sin embargo, produjeron un gran desorden institucional. Se presentaron como una gran máquina para el crecimiento económico, y lo único que   lograron fue canalizar riqueza de las clases subordinadas a las dominantes y transferir riqueza hacia el exterior.  Este proceso ha involucrado el desmantelamiento de instituciones y narrativas que impulsaban medidas distributivas más igualitarias en la era precedente.

En otras épocas recurrían a los militares para provocar las interrupciones democráticas. Hoy utilizan la institucionalidad para hacerse con el poder político, el gran aparato de riqueza y “medios” con los que cuentan los convierte en altamente competitivos. No hace mucho estuvieron en el poder y profundizaron las políticas de deterioro y desmantelamiento de Estado, rompiendo toda medida regulatoria que sostenga una distribución más justa de la riqueza. 

El gran desafío para el gobierno democrático y popular es contrarrestar este discurso de deslegitimación democrática que la clase dominante intenta imponer. Que quede claro la derecha no tiene buenas intenciones democráticas. No se coman el amague compañeros del Gobierno.

¿Adversarios o Enemigos?

El dominio de un poder del Estado, el Judicial que le permite perseguir a la dirigencia nacional y popular, especialmente a la peronista, más el poder de los medios hegemónicos que les permite ejercer inquisición moralizante y la apología del libre mercado, los trasforma en un elemento poderosísimo que no se debe subestimar. No les interesa la política más que para hacerse del poder para imponer el individualismo economicista, eliminando todo proyecto o propuesta comunitaria. 

Es compleja la tarea para el sistema político, auténticamente democrático, la de encontrar dispositivos para sostenerse ante el embate antidemocrático de aquellos que utilizan los elementos del sistema, derechos, garantías y libertades para lograr el objetivo de su deterioro. En su último libro Pablo Stefanoni “¿La rebeldía se volvió de derecha?”, nos describe la formación de un espacio de “derecha correcta” que combina nacionalismo con políticas anti Estado, misoginia con tolerancia a la comunidad LGBTI, levantando banderas de la indignación y la rebeldía. Estas derechas alternativas tienen su mejor ejemplo en Macri, Bullrich, Carrió con gran influencia en los Jóvenes de Cambiemos, mientras que la izquierda en lugar de enfrentarla, se abroquela en la corrección formando parte del satu quo. Les cabe a los movimientos populares enfrentar estas expresiones de “derecha rebelde e izquierda conformista”. No podemos tratar como adversario al que te trata como enemigo.

Campos de Batalla

La ciencia y la tecnología, la educación y la salud públicas son de los principales campos de batalla, sin descuidar los otros.  No es casual que, más allá de visualizar al campo educativo, sanitario y científico como potencial escenario para los negocios privados, planean en ese ámbito la batalla cultural, poniendo al meritocrático como el ejemplo que hay que seguir. “Todos podemos ser como Macri” (Dios nos libre).

Hay que evitar que se siga destruyendo un emblema de la política argentina. Un sistema de educación pública laica y gratuita fortalecido, en constante expansión y de calidad de la mano de un sistema de ciencia y tecnología fuerte contribuye centralmente a la conformación de una ciudadanía activa y crítica (“politizada”) indispensable para la profundización del funcionamiento democrático. 

Después está la calle, a la que han accedido por la desobediencia a las medidas restrictivas de la pandemia. Los sectores populares más solidarios con el otro, respetaron el distanciamiento, mientras se trataba de reconstruir la desintegrada salud pública. La derecha rebelde salió a la calle, “todos somos Vicentín”, “no al encierro” “la vacuna rusa es veneno” “apoyemos la Justicia” y un sin número de consignas absolutamente mentirosas o vacías de contenido. Ya lo habían hecho con la 125, con el apoyo al gatillo fácil y otras oportunidades. La escena es conocida. Banderas celestes y blancas. Entonación del himno nacional. Algún que otro cartel escrito a mano con frases poco amorosas. Infaltables las entonaciones mezcla de odio y goce, contra Cristina Kirchner y más recientemente contra Alberto Fernández. Todo transmitido en cadena por los canales de noticias y retroalimentado por las redes sociales. 

¿Políticamente Correcto?

Este núcleo más fiel a la alianza de derecha Cambiemos (PRO UCR+Carrió), se completa con un universo de subjetividades que se siente muy a gusto en esta derecha dura, que utiliza como nadie las nuevas tecnologías y se pretenden poseedores de una estética posmoderna. Una mezcla de fascismo social, personajes públicos que transpiran ideas reaccionarias y especulaciones sobre el fin de la ideología y el pensamiento crítico. A este último lo identifican como una máxima más de la meritocracia, se olvidan del otro para cuestionarse solamente a sí mismos. Se miran al espejo cual Blancanieves.

El discurso más común que blanden es el de la corrupción, y la encuentran en el más débil. Corrupto es el que cobra un plan social, no el que en una mesa de timba financiera gana millones en la especulación, los lleva fuera del país y luego siempre sale una ley de blanqueo para ingresar alguna parte del dinero sucio. Corruptos son los trabajadores que protestan porque no se resignan a la injusticia y no el “patrón” que los tiene en negro. Corruptos son los políticos que proclaman e implementan una mejor distribución de la riqueza y no aquellos que “pagan para evadir”.

Hay que repensar el discurso y la praxis del gran espacio gubernamental, para afrontar con éxito los años de gobierno que quedan y redoblar la apuesta al futuro. No se puede ser “políticamente correcto” en los términos del enemigo. Lo “políticamente correcto” es hacer aquello que te legitimó electoralmente. Llegó la hora de enfrentarnos en todos los ámbitos, no sirve poner la otra mejilla, terminas abofeteado.