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Editorial

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Por Revista Liberación

Bastante antes del intento de magnicidio contra CK ya muchos hablaban del discurso de odio existente en la sociedad, incluso el Presidente y la propia víctima del frustrado atentado ya habían mencionado en sus declaraciones públicas la necesidad de parar con esos mensajes de odio en la sociedad argentina, mensajes ampliadores de la grieta.

A partir del intento de asesinato sufrido por CK a manos de un simpatizante neonazi y de la reflexión posterior al hecho de parte de la sociedad y de la política, respecto de los discursos de odio como promotores de este tipo de violencia, el debate se amplió sobre qué son los discursos de odio, cómo combatirlos, si constituyen delito y si su denuncia afecta la libertad de expresión.

Es muy importante decir que el discurso político agresivo o muy confrontativo no se enmarca como discurso de odio, los mensajes de odio son un tipo de discurso político que es dirigido hacia una comunidad o identidad política, rechaza la pluralidad de ideas y asume una posición extremista respecto de algunas personas, partidos políticos, ideas, sectores sociales o políticas públicas. Se repite en una mecánica Gobbeliana y más allá de la discusión estrictamente jurídica acerca de qué sería pasible de catalogar como delito y podría volverse punible, genera broncas y estados de ánimo muy difíciles de recomponer. El propósito es destruir el contrato social comunitario.

Qué decir cuando los discursos son retrasmitidos y fogoneados desde el poder real, cuando se utilizan medios masivos y hasta funcionarios públicos, como Fiscales y Jueces que utilizan la metodología del jerarca de la comunicación nazi para “mentir y mentir que cuando más grande es la mentira más gente la creerá”. No es casual que la Corte cometa la “PAYASADA” de sacar un Consejero que la misma Corte había convalidado. No es casual que un amigo del agresor de CFK diga que el asesinato habría significado una baja de impuestos. No es casual que hayan tomado el intento de magnicidio como un “delito más”, retrasando la investigación, retaceando pruebas, abonando la teoría del “loquito suelto”. No es casual que el Diputado del PRO Millman, conocedor de que el hecho se iba a producir, no sea citado por la Jueza. No es casual que los nuevos espacios políticos desde los que se promueven los discursos de odio estén encabezados por políticos como Bullrich, Milei y Espert, financiados por el entorno macrista como Caputo, reproducidos por los medios de Magneto.

Todo discurso de odio rechaza el pensamiento diferente, critico, diverso, la apertura a la pluralidad de ideas y de voces la lectura, discusión y difusión de ideas. La característica fundamental de este tipo de discurso es que se rechaza cualquier tipo de disidencia y que quien emite ese discurso no llega a ser catalogado como alguien que piensa distinto, sino que rápidamente es entendido como un enemigo y un delincuente, o incluso al paroxismo o delirio de ser parte de una conspiración “comunista” guiada por Venezuela, inspirada en Cuba y financiada por Rusia.

El trabajo de consensuar, de manifestarnos libre y críticamente, que no odiamos, aunque no compartimos, es parte de la difusión legítima que realizamos desde publicaciones como la nuestra, es un camino para neutralizar a los discursos de odio y, por consiguiente, para contener las escaladas de violencia, sin necesidad de restricciones o prohibiciones. Debieran, quienes desde el Estado piensan similarmente, apoyar a los medios que buscan la paz y la convivencia democrática.

En síntesis, antes de avanzar en medidas legislativas sobre los discursos de odio que, ante la dificultad de establecer definiciones precisas y objetivas, terminen dotando al Poder Judicial de la posibilidad de sancionar cualquier cosa que le caiga mal, debemos pensar en mecanismos para neutralizarlos desde la acción política. La promoción del pensamiento crítico es un gran remedio contra los fundamentalismos. Desde ya, esto debe ser entendido como condición necesaria, no como condición suficiente. Hacen falta estrategias políticas multidimensionales para combatir a los discursos de odio y evitar la violencia política. En ese camino tenemos mucho para aportar. –