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Editorial

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Por Revista Liberación

El editorial de la Revista en éste número lo vamos a dedicar al compañero y querido amigo Fabián Ríos que falleciera el 03 de octubre pasado. Tengo el honor de ser quién escriba esta breve nota editorial, digo esto por la gran humanidad del personaje que estamos despidiendo. No es fácil encontrar las palabras y el tono justo para expresarse respecto a Fabián. En una publicación fundamentalmente de pensamiento político tal vez se espera un análisis de su proficua labor en ese ámbito o de los cargos que honorablemente ocupó.

Tal vez el hilo conductor debiera ser el de su reconocido aporte al Municipio de Corrientes, a la Provincia e incluso al país en tiempos durísimos, como cuando le tocó dirigir la discusión en comisión y en el recinto del Senado de la Nación, la tan mentada 125. O su paso por la Juventud Universitaria Peronista donde comenzó su carrera política. Pero creo que ello haría de estas palabras un asunto demasiado especifico y conocido. Así las cosas, y después de mucho pensar decidí centrarme en la persona, no en su obra.

Y así, recordé las largas horas compartidas con Fabián, trabajando, en política claro. Hace muchos años. En una oportunidad tratábamos de compaginar lo específicamente jurídico con lo técnico para poder tener boletas electorales en cada uno de los 65 municipios que en ese entonces había en la provincia, la tarea que al principio nos pareció tan difícil, comenzó a hacerse sencilla y transparente. La primera partida de boletas tenía un error y hubo que quemarlas.

Reía poco, pero tenía un fino humor, fue un hombre íntegro, sencillo, servicial, humilde, comprometido, firme tan firme que decían era un duro, de pocas palabras, las justas y a veces menos, inflexible con la contra, fiel a sus convicciones, aceptaba la discrepancia, detestaba a los zalameros o chupamedias, tenía imagen de antipático y distante, pero por el contrario era afectuoso, sin excesos. El trataba a todos por igual. Dotado de un natural instinto, ayudado por su capacidad para resolver difíciles conflictos políticos con una pasmosa tranquilidad. Se equivocó muchas veces, al fin y al cabo, era un ser humano. Reconoció sus errores y cuando se pudo los enmendó.

Quería hacer el bien, siempre preocupado del bienestar de las personas y le interesó el poder, cuando lo detentó, lo hizo con maestría, hasta su rival el que le ganó la Intendencia reconoció que fue un gran Intendente. Su principal característica como jefe fue la conformación de equipos de trabajo con proyectos autónomos, que él estimulaba permanentemente. Le gustaba delegar y apoyaba firmemente a sus equipos. Se preocupaba y esmeraba por inventar ocasiones de encuentro social/político, en las que se generaban fuertes lazos de amistad y compromiso con el proyecto común. Sabía llegar a todos, acompañando en momentos de dificultad, y apoyando cuando era necesario. Cuando nos dejó, en el breve velorio, surgieron entre los presentes innumerables relatos de personas que recibieron su cariñoso consejo y ayuda de manera anónima.

El reclamo de sus compañeros se patentiza en la imposibilidad de brindarle una despedida más acorde a lo que había representado, a lo que aún y por mucho tiempo va a representar. Toda la provincia se dio cita para decirle adiós, Intendentes, Legisladores de su partido y también del oficialismo local reconocían su valía, dirigentes barriales, de movimientos sociales, amigos personales. Convocó en vida y lo hizo también en su lecho mortal. Así era Fabián.

No instituyó herederos, nos parece bien que no lo haya hecho, ello puede llevar a que algunos sientan una especie de orfandad política, que se remediará con el tiempo. La falta de heredero instituído no debe entenderse como herencia vacante. Cuando las lágrimas afloran a los ojos se enturbia la mirada. Sus amigos no deben apurarse, hagamos el duelo.

La última vez que lo vi fue en un acto partidario en Corrientes, hablamos un rato, de política obvio. Y por teléfono dos días antes de su deceso estábamos organizando la visita de unos compañeros a la represa Yacyreta y a conocer su “último gran amor” Añá Cuá. Nuestra conversación fue más o menos así. – Vamos sábado temprano para volvernos a la tarde… –No, se quedan acá, a la noche comemos un asadito y se van el domingo…- Es que somos muchos, como 10 y tenemos que hablar temas del Ateneo…- Hablan acá en casa, Luciani diría que yo soy cómplice de esa asociación ilícita.

Más allá de la humorada. Así de comprometido con los compañeros.

Ahora, en nombre de todos quienes te conocimos. Gracias Fabián, por tu compañerismo, por la amistad, por dejarnos un recuerdo tan limpio y transparente, por creer en que es posible un mundo mejor y que la política es el camino para lograrlo. Por poner la cara cuando los oportunistas mendrugos del cargo se borraban. Nuevamente Gracias. ¡¡¡Hasta la Victoria siempre compañero! .-