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EDITORIAL

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Por Revista Liberación
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Escribir hoy un editorial en una publicación, que si bien es de variada temática, resalta la política, no es tarea fácil si el que lo hace es militante peronista, votante del gobierno en ejercicio y trata de contar o relatar la situación en la que nos vemos sumergidos.

No fue un mes fácil el pasado desde el anterior número de la revista, agitada la política, agitados los mercados. La inflación que no cede, el dólar referente principal de la economía argentina, todos pendientes si sube baja, que el blue, el oficial, el turista, el MEP, el Bolsa y ahora el dólar sojero y parece que el petrolero y el minero. Una ministra de economía que dura menos que un suspiro y mientras está en EEUU tratando de hablar con los acreedores externos se entera que ya no es Ministra, el síndrome Felipe.

El golpe de mercado tuvo éxito, derrocó una Ministra, puso la economía a la deriva y a todo un Frente político con respuestas diversas y un Presidente que, muy debilitado en su posicionamiento, entrega una importante porción de poder, ministerios, secretarias de estado, organismos recaudadores y seguramente otras áreas menores.

Sergio Massa una de las patas del Frente, para llamarlo de alguna manera el ala más “liberal” del FDT, nunca negó sus aspiraciones presidenciales, esperaba la oportunidad de mostrar a propios y extraños la verdadera dimensión de sus cualidades políticas. Era el momento. Para Massa el cargo vacante de Ministro de Economía tenía que ser ocupado por quien no solamente manejara la Economía, sino también la Producción y la Agricultura. E indirectamente también el Banco Central, AFIP, Aduana, ANSES, la Secretaría de Energía. Lo logró, y con el aval de la vicepresidenta que apoya sin dar cartas en blanco.

El superministro maneja también las relaciones con los organismos internacionales de crédito y por ello dejo fuera de la cancha a uno de los mimados del Presidente, Gustavo Beliz, que pasó por el gobierno con más pena que gloria por una rimbombante Secretaría de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de la Nación Argentina.

Todos le pedían al gobierno que reaccionara, fundamentalmente los gobernadores, le decían al Presidente que debía terminar con el pimpinelismo, no podía pasar horas interactuando con Cristina por los medios en lugar de gestionar. El país necesita un cambio drástico. Un giro de 180 grados y para ello no alcanzaba con cambiar nombres o la reforma del Gabinete y centrar en una sola persona el poder de las decisiones. Hay que cambiar políticas.

Ahora no todo es problemas del gobierno en la política argentina, porque hay que señalar la degradación a la que ha llegado Cambiemos Pro o macrismo remozado como quiera llamársele, en que la discusión de ellos no está dada en una mejor distribución de la riqueza o en banderas políticas reivindicativas del pueblo argentino, sino en corrupciones, manejos inconfesables y hasta problemas de alcoba. ENSUCIAN LO QUE TOCAN.-