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Editorial

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Por Revista Liberación
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No fue cualquier escenario, era el centenario de YPF. No se encontraron de casualidad, la presencia de ambos es producto de acuerdos anteriores. Los dos sabían de la presencia del otro. Estuvieron solos media hora antes de salir al escenario. No se trata de dos infantes de la política, son dos pesos pesados, el Presidente con su Vice, que fue dos veces Presidenta y él, Jefe de Gabinete del jefe indiscutido del Peronismo moderno. Si no estuvieran de acuerdo con avanzar en la unidad, no hubieran estado. Los dos hablaron de trabajar por la unidad. Querían estar, arreglaron estar y hasta creo acordaron lo que tenían que decir. Cristina sabe que Alberto no es chirolita y el Presidente sabe que no puede prescindir de la opinión de su Vice.

Así las cosas, analizamos que la generación de un espacio común debe apelar a una construcción político-cultural que confiera a los grupos unidos heterogéneamente, una tradición en común con la cual comulgar. Sucede que nos definimos inicialmente como una negatividad, el anti neoliberalismo, pero debemos también conformar una identidad positiva, en la que los diferentes espacios que sustentan el Frente no pueden dejar de formar parte, si desean ser parte, (valga la redundancia) del proyecto político. Aquí importa prestarle atención a ciertos elementos ideológicos que cumplen un papel fundamental en el acercamiento entre fuerzas de distinta procedencia. Estos elementos fueron los que imprimieron el sentido prioritario que adquirió la articulación, digitando las coordenadas donde debía realizarse el agrupamiento y, a la vez, implicando a los grupos participantes en cierta orientación predominante.

Son varios los elementos que debemos contemplar para el estudio de la identidad política: a) el límite aceptable de las diferencias con otras identidades; b) banderas o símbolos ideológicos cohesivos de una identidad; c) la perspectiva de la tradición, donde la interpretación del pasado y la construcción del futuro deseado se conjugan para dotar de sentido a la acción presente.; d) el reconocimiento de un enemigo común; e) la representación por la adopción de la democracia interna, el que gana conduce y el que pierde acompaña. Así la conducción que emerja tendrá el consenso de una discusión horizontal y podrá ejercerse verticalmente.

El proceso de articulación política, debe establecer una relación tal que la identidad de los integrantes resulte modificada como resultado de esa práctica. Con esta definición puede empezar a pensarse cómo la progresiva construcción de una identidad común, a partir del proceso de “diferenciación externa y homogeneización interna”.

Toda identidad es construida dentro de la tensión entre la lógica de la diferencia y la lógica de la equivalencia. Estas dos lógicas, guían la articulación discursiva: la equivalencia es una lógica de simplificación del espacio político, mientras que la diferencia es una lógica de expansión y complejización del mismo. Aunque incompatibles entre sí, equivalencia y diferencia se necesitan la una a la otra como condiciones necesarias para la construcción de lo social. “Lo social”, no es otra cosa que “el pueblo” destinatario último de la tensión no resuelta.

Este esquema teórico tiene que darnos una imagen del campo nacional popular y revolucionario, que acompañe el debate respecto a sus grados de unidad o heterogeneidad. Las distintas identidades (Peronistas, Peronistas K, Radicales K, Progresistas K, etc.), escindidas diferencialmente, construyen entre sí un lazo respecto al enemigo, frente al cual trazan una frontera antagónica que lo vuelve un exterior constitutivo.

Así la identidad es el lugar de confluencia de múltiples intereses, demandas e intenciones que, para cohesionarse, requieren de la identificación en un «nosotros»; por lo tanto, se convierte automáticamente en un mecanismo de inclusión y exclusión a la vez.

De inclusión, porque permitirá la integración de sus miembros constitutivos a partir de múltiples elementos (políticos e ideológicos), pero sobre todo a partir de la búsqueda de la Justicia Social como perspectiva política. De exclusión, porque al lograr constituirse como un «nosotros» tiene que distinguirse de los «otros», que no pertenecen, y marcar el límite de lo que constituye la comunidad.

Hay diferencia de potencialidad entre las fuerzas que integran la coalición gobernante, que exige modestia por una parte y grandeza por la otra. Si cada uno se pone en la soberbia no hay ámbito de reflexión. No se trata de colegiar la decisión, sino de acordarla hasta que se puedan producir los mecanismos necesarios para que, el que concite mayor voluntad popular conduzca y el otro acompañe.

NO SE PUEDE ESTAR EN MISA Y REPICANDO.-