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DONDE ESTA EL SER NACIONAL CUANDO SOS SEGUNDA GENERACION DE INMIGRANTES

Atravesar la vergüenza de lo propio para llegar a lo que verdaderamente somos

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Por Daniel Di Cocco (*)
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Lo que me aparece es el piso de ladrillos, luego la cocina económica que ella se empecinó en traer del campo. A mí me daba mucha vergüenza todo eso. De dónde saldría esa vergüenza, me pregunto, si esas son mis raíces. Ser segunda generación de inmigrantes complica la cosa. Resulta difícil encontrar el ser nacional. Me acuerdo que, en la primaria, un compañero hijo de padre italiano se manifestaba hincha del Inter y hacía caso omiso a nuestras disputas sobre el torneo local. Mi abuela me contaba que en el país de donde ella venía, era todo piedra y costaba mucho que algo creciera en esa tierra árida; en cambio acá, decía, las plantas nacen hasta en las paredes. En esa época había todavía muchas construcciones asentadas en barro, y después de algunas lluvias era normal que algún yuyo naciera en esas paredes. Casado y encontrado, le escuchaba repetir, y me parecía un poco raro ese nombre cuando le preguntaba dónde había nacido. Sin embargo, años más tarde yendo a otro destino vi desde la autopista un cartel verde con letras blancas y claras que decía: Caslincontrada 15 km. Estaba pasando cerca de uno de mis orígenes; no me detuve, pero lo vi frondoso, todo lo contrario de lo que ella recordaba. Estábamos en la provincia de Chieti, en la región de los Abruzos.

¿Será así?, ¿habrá que darles tiempo a las cosas para que broten? Pensé en el ficus que había dado por muerto, pero, aun así, no saqué de la maceta. Pasé días observando su flaco esqueleto hasta aquel instante en que, agudizando la mirada, vi cómo una hoja verde se iba encarnando en ese tronco seco.

Mi abuela no leía diarios ni revistas, no sabía firmar y se le entendía muy poco cuando hablaba; era analfabeta. Eso también me avergonzaba. De dónde saldría esa vergüenza, me pregunto, si esas eran mis raíces. En cierta ocasión, me llevó a su habitación y, misteriosamente, sacó de entre las sábanas guardadas en el ropero una imagen, eran Perón y Evita. Estaban de cuerpo entero, muy elegantes, muy seguros de sí. Ella balbuceó algo así como: “Gracias a ellos, yo tuve una vida mejor en la Argentina”. Besó la fotografía y la volvió a guardar en su escondite. “Está prohibido tener estas fotos -dijo y agregó después-; a mí no me importa”. Desde ese día, y con un poco de vergüenza, me hice peronista. De dónde viene esa vergüenza, me pregunto, si esas son mis raíces.

Lograr que te avergüences de lo propio, de lo que a uno lo constituye, es una de las tareas que más hábilmente desarrolla el poder, a través de todos sus mecanismos de comunicación con la notable ayuda de sus cabezas parlantes que tratan de imponer el sentido común; es decir, el de ellos. Salir de esa encerrona, a veces no resulta fácil, pero es sumamente necesario para llegar a ser nada más que lo que uno es. 

(*) Actor, director y dramaturgo, nacido en la Ciudad de Salto (Buenos Aires. Como actor participó, entre otras, en la obra «Prometeo» en el Teatro del Bajo, «Hay Golpes en la Vida» en el I.F.T., «Quien Apagó el Arco Iris» en el Pte. Alvear y Regio,»Cerca»,»La Cabeza contra la pared», Perón en Caracas y Odiseo Confinado en la Ranchería. Entre sus trabajos de dirección se cuenta «Mecelmar» con dramaturgia propia y de Marcos Cesarsky, «Homenaje Falso» también con dramaturgia propia, «El Bufón de Rosas» , «Prometeo», «Los Veraneantes» y «Encuentro en el parque peligroso». Es docente de teatro. En Cine trabajó como actor en Agua de Verónica Chen. Igualita a mi, Diario de la guerra del Cerdo, Los dos Papas y protagonizó Vuelta al perro, pelicula que se puede ver en la plataforma Cine.ar (estrenos). En TV participó en Farsantes, Contar la Historia, Amores de Historia, Las palomas y las bombas, Terapia Alternativa.