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DEMOCRATICIDIO

La imparcialidad de la justicia, la universalidad de la ley y la división de poderes son puntales de la democracia, sin ellos puede convertirse en un autoritarismo electoral. Sin acción colectiva, la consecuencia será el triunfo de la derecha, la desaparición de derechos, una democracia de ficción, un autoritarismo real.

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Por Germán Wiens
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La palabra utilizada en el título no está en el diccionario de la Real Academia, eso no quiere decir que no se utilice frecuentemente por algunas personas, que no necesariamente le dan el mismo significado. El significado unívoco lo tendrá cuando algún experto en léxico, la defina adecuadamente y la Academia de las letras resuelva incorporarla. Para ello debe reunir varios requisitos el último y más importante es que tenga difusión entre los hablantes. Si esto no ocurre su vida será efímera.

“Hay que poner mano dura”, “Bala a los negros”, “Estoy a favor de la tortura”, “Sería incapaz de amar un hijo puto”, “Las mujeres no pueden ganar lo mismo que los hombres”, “Si doy cupo a las mujeres después le voy a tener que dar a los negros”, “Sino se entregan se ametralla el barrio pobre” “Es una Chorra” “Lástima no salió la bala” “Al fin se murió esa vieja (por Hebe)” “Los principios liberales no me permiten votar la ley de cardiopatías infantiles” “Hay que privatizar las jubilaciones, YPF y Aerolíneas” “Hitler no tenía desocupados” ( claro estaban en campos de concentración) “ Los alemanes son una raza superior” ”Messi es un vulgar” “La bala no salió pero la condena si salió”…. Y podemos seguir hasta el cansancio.

Si con ese discurso, sumado a la anti política, la derecha consigue el poder por el voto, debemos convenir que el pueblo está pasando por un proceso de desolación digno de estudio. Porque es el propio pueblo que va a sufrir las consecuencias de las reformas antidemocráticas y retrogradas propuestas.

La información es trasmitida en esas frases que vemos, en el mejor de los casos por TV, pero que en realidad se trasmiten por ejércitos de trolls por las redes en menos de 140 caracteres. Se genera digitalmente un delirio permanente de falsedades emitidas por las fuerzas que pugnan por la destrucción, el odio y la violencia.

Perón nos enseñaba que la “realidad era la única verdad” y es absolutamente cierto, el problema se nos presenta cuando la mentira nos cambia la realidad, cuando la repetición constante de discursos por la hegemonía del poder real, cambia la facticidad y la cambia de tal manera que invierte los roles entre verdad y mentira. Es muy difícil no sucumbir ante el permanente repicar, para hacerlo hay que estar munido de una importante dosis de conceptos, de ideología, de pensamiento. Es muy difícil pedirle al común de la población, apurada por los apremios económicos, desesperada por la salud en medio de una pandemia que no para, por la educación de los hijos, el alquiler, la violencia, la seguridad y tantos otros problemas que además se nutra conceptualmente para resistir al poder que impone la mentira y cambia la realidad.

La tarea militante debiera estar en la calle. Cuando decimos ganemos la calle no es sólo para manifestarnos ante las injusticias, también es, y fundamentalmente, para visitar al vecino, al compañero, regenerar o refuncionalizar las unidades básicas, de contener, explicar, discutir, acompañar a quién luego le vamos a pedir el voto.

Decía Perón también, que había pasado la hora de gritar PERON, que había llegado la hora de defenderlo. Algo similar ocurre seguramente con Cristina, sigamos diciendo por las redes cuanto la amamos, compitamos entre nosotros para saber quién es el más K, pero al mismo tiempo bajemos al territorio a militar la base para comprender sus problemas, para imaginar juntos las soluciones, para explicar lo que a veces parece inexplicable, en definitiva para evitar la migración que por goteo la derecha está realizando. Basta de solamente hablar bien de Cristina, llegó la hora de defenderla.

No todo es negociable en nombre del dialogo, la unidad o la convergencia. La democracia y los derechos fundamentales son inherentes a la condición humana. Así como lo son la división de poderes. Cuando la Judicatura se convierte en árbitro de las decisiones políticas según le convenga al poder real, por ejemplo, condenando a Cristina o determinando que servicios esenciales, no son servicios públicos y por lo tanto no regulables, cuando encubren accionares ilegales y delictivos ya no sólo de algunos políticos y empresarios del poder real sino también de jueces y fiscales prevaricadores, cuando la Corte cajonea y descajonea expedientes a su antojo poniendo en vigencia leyes derogadas, cuando se apropia del Consejo de la Magistratura y luego no lo hace funcionar. Los prevaricadores sino tienen sanción ni siquiera repudio popular, lo van a seguir haciendo.

Si a ello le sumamos la parálisis del Congreso que no habilita quorum para leyes fundamentales, como la creación de Universidades, que dejaron al país sin presupuesto que ni siquiera evalúa el posible accionar delictivo de algunos de sus miembros que pueden haber participado en el intento de magnicidio y muchos etcéteras más.

La imparcialidad de la justicia, la universalidad de la ley y la división de poderes son puntales de la democracia, sin ellos la democracia puede convertirse en un autoritarismo electoral. Hay que pararlos, evitar que avancen. Lo que está en juego es demasiado importante, es la dignidad, la libertad, la igualdad, la justicia, la vida. La tarea es resistir sin desautorizarnos o desacreditarnos entre los iguales. Si desaparece la acción colectiva, la consecuencia será el triunfo de la derecha y van a desaparecer los derechos, una democracia de ficción, un autoritarismo real.

Todos debemos participar. “Yo no me meto en política”, no es un argumento para justificar la dictadura, el exilio o la muerte. A los argentinos nos pasó casi todo, desde el golpe terrorista en 1976 a elecciones ganadas por el neoliberalismo. No podemos permitirnos otro Macri o alguno aún peor. ¡Digamos BASTA!!! Salvemos la democracia. Solo el Pueblo salvará al pueblo. –