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DE LAS GRIETAS Y EL ODIO

La ausencia de proyecto nacional hace que oscilemos entre dos modelos de país: uno que pretende ser una factoría agroexportadora inserta en el mercado internacional, otro que considera que es posible ser una Patria Justa, Libre y Soberana.

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Por Pablo Andrés Vassel
pvassel@revistaliberacion.com.ar
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Escuchamos muchas cosas por estos días, a menos de dos semanas del atentado criminal contra Cristina Fernández de Kirchner. Ya lo hemos repudiado, en actos públicos, en nuestras redes de comunicación, en nuestro programa radial y en cuanto medio pudimos. Mi intención en este artículo es analizar aquella frase que atribuyen el mismo, de manera irresponsable, a la grieta, la tan famosa y meneada grieta, sin dejar de advertir que los mismos que explicaron el terrorismo de estado con la Teoría de los dos Demonios, ahora hablan de la grieta y «el odio de uno y otro sector». Solo falta que digan que la intentaron matar, porque algo habrá hecho.

La grieta es antigua y casi constitutiva de nuestra nación. Desde el fusilamiento de Dorrego se perfila la sangre y el odio gorila para resolver los conflictos entre los argentinos. ¿Y qué conflictos? El que muestra claramente la discusión permanente acerca del Proyecto de Nación que queremos ser.

Luego de Dorrego siguió la de Unitarios y Federales, antes la de Rivadavia acusando de ladrón a San Martín y este tuvo que entrar de noche y a oscuras a Buenos Aires, volviendo de la campaña libertadora por el intento homicida del que nombra el primer sillón presidencial, luego las matanzas de Mitre contra los caudillos federales, la de Roca «con nuestros hermanos los indios» como lo decía el Libertador de Yapeyú. Ya perfilaba un país de «nosotros o ellos» como lo diría recientemente el diputado nacional López Murphy. Luego siguió la «chusma radical» y el «aluvión zoológico» con el bombardeo de Plaza de Mayo, los fusilamientos de José León Suárez y el peor y horrendo «Proceso de Reorganización Nacional» que pretendía volvernos occidentales y cristianos a costa de 30.000 detenidos desaparecidos.

Por estos días perdió la hegemonía parlamentaria el gobierno socialista de Suecia. Es probable que, dentro de un año, cuando se analice las diferencias del nuevo gobierno de derecha con el vencido hoy, se pueda advertir como datos significativos 2 o 3% menos del presupuesto social y la baja de impuestos para los ricos, dinero que irá a Defensa seguramente. Pero está claro que ese país seguirá con la misma política exterior, el mismo proyecto nacional, la misma actividad industrial y los mismos consensos básicos sobre la necesidad de desarrollo social e igualdad.

La ausencia de proyecto nacional hace que oscilemos entre los que creen que el país puede ser una factoría agroexportadora inserta en el mercado internacional, sin importar que a ese modelo le sobran 15 millones de personas. A ese modelo no le interesan Las Malvinas, es más pretendía canjearlas por vacunas, y poco le interesa América y el proyecto de sustitución de importaciones como nosotros el crecimiento de la Industria y la ciencia nacional.

Nosotros creemos que a la Argentina no le sobre nadie. Todos somos necesarios para hacer un gran país. Que es posible ser una Patria Justa Libre y Soberana.

El odio en cambio esta inserto en esteta etapa del capitalismo salvaje y global que destruye «nuestra casa común» diría el Papa Francisco, a la vez el mayor líder mundial contra este sistema despiadado. Necesita de enemigos. Necesita de personas manipuladas por los medios de comunicación social que les digan que los pobres o los «planeros» son los responsables de que no podamos andar todos en coches de alta gama o veranear en Punta del Este. Los pobres y los pueblos como enemigos de los pobres y los pueblos. Para ello se necesita un fantástico trabajo de comunicación social y de creación del odio.

El atentado criminal no les hizo cambiar de objetivos ni de métodos. Los hizo esconderse un poco al destilar odio, no dejar de odiar. Ya volverán por ello. Estemos atentos y no seamos instrumentos de esta enorme manipulación. –

«La multitud no odia, odian las minorías, porque conquistar derechos provoca alegría, mientras perder privilegios, provoca rencor» (Arturo Jauretche)