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A 100 años de las Huelgas Obreras de la Patagonia

Memoria, Verdad y Justicia

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Por Luis Ortiz
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“Jamás creció una flor en las tumbas masivas de los fusilados; sólo piedra, mata negra y el eterno viento patagónico. Están tapados por el silencio de todos, por el miedo de todos. Sólo encontramos esta flor, en la reacción de las pupilas del prostíbulo “La Catalana”, el 17 de febrero de 1922”  (Osvaldo Bayer, “La única derrota de los vencedores” en Los Vengadores de la Patagonia trágica).

La Sociedad Rural de Rio Gallegos de 1920, compuesta principalmente por estancieros británicos y apoyados por el entonces gobernador del territorio de Santa Cruz, Edelmiro Correa Falcón, deciden participar de las supuestas “perdidas” con los trabajadores de sus establecimientos, reduciéndoles los salarios, echando algunos ellos, precarizando sus condiciones laborales, entre otras cosas. Todo esto, justificándose ante la baja de los precios de la lana a nivel mundial, luego de que se normalizaran al terminar la primera guerra mundial que los había disparado en los años anteriores.

Esta situación, más las ya precarias condiciones laborales en la que se encontraban los peones,  fueron el detonante de los reclamos que deciden realizar a través de la Sociedad Obrera de Rio Gallegos a fines de ese año. Impulsados por la voz de Antonio “el gallego” Soto, quien los organiza en una huelga general que obtiene una gran adhesión de todos los trabajadores involucrados en el sector; exigiendo cuestiones básicas como un mejor jornal, un día de descanso, no dormir hacinados y un paquete de velas al mes.

Inicialmente este conflicto fue dirimido con la mediación del enviado del entonces presidente Hipólito Irigoyen, el teniente coronel Héctor Varela, luego de que se firmara un convenio entre estancieros y peones, respetando las condiciones básicas exigidas. Inmediatamente después de la partida del mediador, el convenio fue incumplido por los estancieros, que a su vez, iniciaron una feroz persecución a los huelguistas.

Ante esta traición sufrida por los trabajadores, se generó tal indignación que los llevo a retomar las protestas y las huelgas con mayor fuerza durante gran parte de 1921.

Esto sucesos hacen que Varela fuera enviado nuevamente al territorio, quien inexplicablemente hace un giro drástico a las medidas de mediación que adoptaría. En esta oportunidad en vez de un papel con promesas de reivindicaciones laborales, les entrega cuatro tiros a los huelguistas que son capturados por sus tropas.

Cientos y miles de trabajadores mueren en ese tiempo, y algunos luego de ser torturados.

En el medio, la Sociedad Rural recluta a la Liga Patriótica, un grupo de asesinos que irrumpen y someten a algunos de los huelguistas, contrataran trabajadores de otros lugares, los llamados “carneros rompehuelgas”, a través de los diarios difaman la protesta y realizan todos tipos de artilugios para poder fracturar y dividir a los trabajadores a nivel local y nacional.

Las cosas no terminaron bien para los trabajadores sobrevivientes, que luego del desarme de las protestas y las huelgas, se los somete a innumerables vejaciones, para luego reubicarlos en sus puestos laborales, en donde se les reducen los salario y se les destruye aún más, las ya inaceptables condiciones laborales.

Hoy, muchas cosas siguen igual, y principalmente con el campo, en donde unos pocos recolectan y concentran en épocas de abundancias, sin repartir ganancias y solo reparten perdidas en épocas de ajuste.

En estos tiempos nos hacen faltas los Soto, porque hay muchos Várelas y Falcón. Y también nos faltan más como ellas, ese puñado de pupilas del prostíbulo de Puerto San Julián “La Catalana”, que ante la visita de los soldados de Varela decidieron decidir: “no van a sentir, ni apenas nuestra piel, a quienes están aquí… por matar¨, a pesar de las atroces consecuencias que ello les trajo.

Dicen que la pandemia desnudó una realidad de desigualdad, de crisis societaria, en donde la concentración y la ambición de poder de algunos, empobrece y marginan al resto.

Recordando estos hechos sucedidos hace ya cien años en las tierras patagónicas de Santa Cruz, podemos darnos cuenta de que esa realidad corre desnuda frente a nosotros mucho antes de este virus, sacuden nuestros hombros y nos golpea en el pecho desde antes de nuestro propio nacimiento. Solo que no queremos verla o sentirla, la ignoramos, la despreciamos, preferimos creer en los cuentos de aquellos mediáticos que colonizan nuestro pensamiento.

A los habitantes de esta porción de la Patria Grande: Memoria, Verdad y Justicia.